No a la politiquería de 'prometer y prometer'
Urge un cambio de mentalidad en la ciudadanía panameña respecto a la nefasta politiquería de "prometer y prometer", muy de moda en la práctica vocinglera de los politiqueros criollos. En los tiempos primitivos, por ejemplo, el juramento no tenía razón de ser debido a la sencillez y cordialidad que existía entre los hombres y mujeres que convivían en la tribu. El juramento -como acto público- nació el mismo día en que los hombres comenzaron a engañarse. Para dar crédito a una afirmación o a una promesa se hacía necesario, en ciertas ocasiones, jurar por algo o por alguien que se consideraba sagrado, porque no valía tan solo la palabra empeñada.
Esta es, en líneas generales, la diferencia entre el juramento y la promesa; mientras el primero comporta una deuda moral en caso de no ser satisfecho el juramento o cierta afirmación, la segunda puede diluirse hasta el infinito de los tiempos. Tal vez por eso los políticos o politiqueros de nuestra fauna política vernácula no tienen ningún problema en "prometer y prometer", pero ninguno de ellos tiene la valentía suficiente para jurar frente a lo más sagrado para ellos.
PARA DAR CRÉDITO A UNA AFIRMACIÓN O A UNA PROMESA SE HACÍA NECESARIO, EN CIERTAS OCASIONES, JURAR POR ALGO O POR ALGUIEN QUE SE CONSIDERABA SAGRADO, PORQUE NO VALÍA TAN SOLO LA PALABRA EMPEÑADA.
En general, las campañas electorales se convierten en un gran mercado donde se venden promesas, esperanzas y, en la mayoría de los casos, humo, mucho humo. Las campañas son, además, un periodo de libertad dialéctica en la que se dejan aparcadas las mínimas normas de respeto y se permite entrar a degüello contra el rival. Los insultos, las acusaciones, incluso las noticias falsas sobre la salud de los candidatos o la mutilación de carteles de los partidos contrarios se convierten en algo habitual.
No obstante, la actividad política debe analizarse con objetividad día a día. Las cifras preliminares que informan las primeras encuestas solo son un indicativo de lo que ocurre en el momento, de las percepciones que ocasionan la propaganda publicitaria cotidiana de los que lideran los diferentes colectivos políticos.
En realidad, pareciera que la ciudadanía ya ha aprendido que el engaño mentiroso no convence, sino a los necios. De ahí que la propaganda a base de la verdad sea, no solamente la más noble y virtuosa, sino la más eficaz porque convence al hombre y a la mujer inteligentes.
TAL VEZ POR ESO LOS POLÍTICOS O POLITIQUEROS DE NUESTRA FAUNA POLÍTICA VERNÁCULA NO TIENEN NINGÚN PROBLEMA EN "PROMETER Y PROMETER", PERO NINGUNO DE ELLOS TIENE LA VALENTÍA SUFICIENTE PARA JURAR FRENTE A LO MÁS SAGRADO PARA ELLOS.
Por otra parte, las instituciones de nuestra democracia adolecen de severos déficit de legitimidad. El método económico no genera seguridad ni distribuye sus beneficios a todos por igual y por eso está instalada una sospecha que puede amenazar los cimientos sociales. Ya es tiempo de ir pensando en un nuevo realismo político, que asuma los datos de esta realidad, que sintonice con las realidades de la sociedad, que interprete y escuche los anhelos y temores de una ciudadanía que no logra comprender la brecha que la separa de quienes gobiernan. No es fácil gobernar, pero es necesario, obligante, que quien gobierne mantenga firme el timón y no se deje amedrentar por las tácticas de los adversarios ni por los halagos de sus "allegados" y de los "serviles" oportunistas. Que gobierne con la verdad ante todo: dulce o amarga, humillante o gloriosa porque la verdad, como alguien dijo, "no puede dañar", y la mentira, agregamos nosotros, es humo que deja de proyectar su sombra al disolverse en el espacio.
A pesar de todo, el proceso queda abierto. Es de esperar que la ciudadanía panameña escoja en la próxima contienda electoral (programada para el mes de mayo de 2019), no al amo, no al demagogo mentiroso, diestro en pregonar falsas promesas, sino a un buen mandatario, a un ciudadano con vocación de sacrificio.
Vale decir, a un hombre que, entre otras cualidades y virtudes, sea imponente por severidad varonil de su carácter, por su educación y cultura, por el culto a la sinceridad, por tener excelentes relaciones con gobiernos y pueblos amigos, por saberse comportar con cordura y exento de pasiones, que aborrezca y combata con determinación la corrupción, el nepotismo y el servilismo, que cumpla y haga cumplir la Constitución y la ley "igual para todos", en fin, que sea un estadista, un verdadero servidor de la nación panameña.