¡No a las drogas!
Escuché el testimonio de una mamá, una mujer alemana que acostumbra visitar bares y cantinas donde se reúnen jóvenes a tomar licor y drogas. Elizabeth Bauman llega, impone silencio entre los muchachos, que al principio la reciben en tono de burla y les dice: “Voy a enseñarles a ustedes dos fotos de mi hija. En una la verán sonriente y enamorada de la vida. ¡Miren qué bella y hermosa se ve! En la otra foto verán lo que hizo la droga con ella seis meses más tarde. He venido a advertirles que no jueguen con la droga y su salud”. Los jóvenes, aún los más tremendos, escuchan con atención las palabras de esta madre, cuya esperanza está puesta en que se eviten casos como el de su hija o peores.
En la segunda foto aparece la hija de Elizabeth Bauman, con un cuerpo arruinado y esquelético y la mirada ida, como idiotizada. Ella ignora que su madre visita esos bares y cantinas, porque se encuentra en un manicomio donde sufre crisis de esquizofrenia y pérdidas intermitentes de memoria. Seis meses antes prometía convertirse en la modelo más bella de Múnich, pero pagó a un precio muy alto las alegrías efímeras de la droga.
En la misma ciudad de Múnich, una jovencita de 14 años, quien había estado tomando drogas, se suicidó dejando el siguiente mensaje: “Sin drogas, la vida no tiene sentido para mí”. Los suicidios de tantos jóvenes han causado alarma en muchas partes del mundo donde se han creado comisiones especiales para estudiar el problema y hacer algo para detener esta situación tan horrorosa de la drogadicción.
El problema es realmente impresionante. Se están dando casos de muerte por sobredosis de drogas hasta en niños pequeños. En algunos casos, la afición a la droga se inicia desde los ocho años. Cantidades están muriendo en rincones, escaleras, cuartos de baño y tugurios devorados por toda clase de drogas, hasta tal punto que muchachos de 12 o 13 años han hecho ya el gran viaje de su vida con la droga. Después aparentan pequeños hombrecitos como de 30 años, incluso encanecidos, porque envejecen rapidísimo. Hace 20 años, la edad media de las personas muertas por tomar drogas era de 35 años. Hoy día esa media ha bajado a 23. Los que se entregan por completo al vicio de los estupefacientes pierden la voluntad para dar marcha atrás.
¿Qué pasa con las personas que consumen drogas? Los trastornos neuropsíquicos son bastante serios, además de las intoxicaciones agudas y muchas veces mortales. El recorrido de la droga es angustioso y sus efectos trágicos: cauteriza la conciencia, llena la mente de tinieblas grises y arruina la vida de millones de jóvenes de todas las razas y países, convirtiéndolos en guiñapos humanos.
De hecho, la gente se está autoenvenenando lentamente con el abuso incontrolado de drogas que está provocando tantas o más muertes que los accidentes de tránsito. Además de los trastornos físicos y orgánicos, la droga produce trastornos terribles en la personalidad y termina destruyendo a la persona. Aunque al principio puede producir euforia y la sensación de estar en paz con todo el mundo, lo cierto es que a la larga el consumo de droga desencadena una serie de reacciones físicas y mentales negativas y terribles como dolores, angustias, náuseas y vómitos.
Hay muchísimos drogadictos que han contraído el sida a través de las agujas que utilizan para inyectarse. Los niños de padres toxicómanos nacen con problemas de drogadicción. Los hijos de madres drogadictas muchas veces mueren si no se les da atención médica especial. El problema se complica cuando la madre abandona desesperadamente el hospital después del alumbramiento para drogarse, dejando al bebé desamparado. ¡Así como suena! ¡Qué drama tan increíble!
Hay que tomar conciencia del problema de la droga y hacer un esfuerzo realmente significativo para controlarlo. Lo mejor que se puede hacer es brindarles a los niños y jóvenes un mundo nuevo para que no tengan que recurrir a estas cosas. Además, se debe luchar para que todos comprendan el terrible problema de la droga y lograr que se busquen soluciones a nivel de gobierno y creando leyes para controlar este comercio tan horroroso de la droga. La comercialización y consumo de drogas acabará con nuestra sociedad si no se combate con todas las armas que tengamos a nuestro alcance. El Señor necesita que le ayudemos a crear una civilización llena de amor. Empecemos con los niños y jóvenes, quienes aún están a tiempo de recuperar la salud para servir a Dios y a su patria.
El Señor dice: “Dejen que los niños lleguen a mí”. Dejemos que los niños lleguen a Cristo para que lo conozcan y aprendan a amarlo y respetarlo. Así se desarrollan en su corazón sentimientos nobles y buenos que los ayudarán a defenderse de los embates de la droga. El cuerpo es templo del Espíritu de Dios (1 Cor 6-19). Hagamos de ese templo un santuario bellísimo para que Dios pueda morar en él. Recuerde que con Dios todo es posible y con Él, usted es... ¡invencible!