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No, mi gran pasión no es ser presidente


Rómulo Emiliani cmf. (opinion@epasa.com) / Obispo Auxiliar de S. Pedro Sula.

Me han dicho de que se ha estado hablando en algún medio de comunicación de la posibilidad de mi candidatura a la presidencia de la República de Panamá. Es un alto honor ocupar ese puesto, pero nunca he pensado en eso, no me interesa en absoluto dedicarme a la política y aprovecho para hacer una reflexión sobre el tema. Tengo mucho amor por América y este continente constituye mi gran pasión. Veo a América florecer unida y aportar al mundo nuestra riqueza cultural y el progreso una vez superadas tantas taras que nos han empobrecido y casi arruinado. La Patria Grande que soñó Bolívar será una realidad Yo como obispo y evangelizador, junto a muchos hombres y mujeres de nuestro continente y en diferentes profesiones y ocupaciones, estamos en la lucha de ir creando una nueva conciencia humana y espiritual americana y esta tarea la estoy realizando desde Honduras y da sentido a mi vida y la llena totalmente.

¿Que podría ser presidente de Panamá? Claro que tengo méritos y cualidades y entre otras: trabajo de día y de noche sin importar el sacrificio que haya que hacer y persevero con fe profunda en mis metas. No tengo amor al dinero y hace tiempo que ofrecí mi vida por la causa del pueblo. Tengo coraje y lucho por los pobres, a quienes respeto y no engaño. Amo a mi país y a América. Conozco mucho mi realidad, y tengo abundantemente conocimiento sobre los temas patrios que usaría para poner orden en Panamá. Por eso algunos que lo saben, no me quieren. Pero el Señor me ha llamado tan claramente para servir a la evangelización desde mi ministerio episcopal. Esto me llena tanto, y con humildad lo digo, que mi trabajo pastoral tiene gran valor y tendrá más influencia en las próximas generaciones que ser cinco años presidente de mi país. La renovación espiritual provocada por mi labor evangelizadora, obra del Señor, hace más impacto positivo en el corazón del pueblo que meterme en las lides políticas. En Panamá hay personas capaces de ser muy buenos presidentes. Lo que pasa es que algunos de los que estoy pensando no quieren meterse en política, pero hay una obligación moral para ir purificando la política y creando una nueva forma de gobernar, menos partidista y más abocada al bien común.

Ahora que escribo esta reflexión estoy llegando de servir en la cárcel de Tela, población a unos 150 kms. de San Pedro Sula, donde me he sentido a gusto entre los detenidos. Realmente lo confieso: me siento tan bien predicando en las cárceles y caminando junto al pueblo pobre, que no me vería a mí mismo sentado en un palacio presidencial con mucho protocolo y todo el día lidiando con intrigas, estrategias políticas y además con saco y corbata. Perdone, ¡pero es incómodo! Además presidir una sola eucaristía vale más que todos los honores que pueda recibir rey alguno en su vida. Mi lucha por el pueblo tiene más alcance en el interior de los corazones y por América, que es mi pasión.

Obispo Auxiliar de S. Pedro Sula.