No pidan paciencia...
No basta con levantarse más temprano o conocerse los mejores atajos de la ciudad. En estos días de desarrollo se puede perder la paciencia con facilidad, después de estar más de dos o tres horas en un tranque.
Todo es un enredo, se mezclan diferentes situaciones que ocasionan el caos a las horas pico. En verdad no interesa hacia donde se dirija, cualquier lugar es bueno para un tranque.
De seguro nadie se opone al desarrollo que experimenta Panamá, las inversiones millonarias en infraestructura y los modernos sistemas de transporte colocarán al país por encima de muchos de la región.
Sin embargo, la poca o nula planificación para manejar los efectos secundarios de este desarrollo han quedado en evidencia en las últimas semanas.
Los tranques no son descomunales, simplemente sobrepasaron ese nivel. No se puede transitar, es imposible.
La estrategia de contingencia está fallando. Los semáforos se convierten en adornos de las avenidas y calles, porque ante la desesperación algunos conductores lo ignoran.
Hasta el día de hoy se desconoce las áreas criticas de la ciudad en las horas sensitivas. En las calles no hay operativos alternativos para agilizar el tráfico, solo se anuncian nuevos cierres por trabajo.
Es importante aterrizar sobre el manejo de esta situación, las personas están llegando tarde a sus trabajos y a sus hogares.
Debería existir algún movimiento integral donde participen la empresa privada, entidades públicas y la sociedad civil organizada. Revisar los horarios, habilitar calles y reorganizar la ciudad no es mala idea.
Los agentes de la policía y de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre deberían ser más proactivos. No tan solo estacionarse a un lado de la calle a imponer boletas.
Es un problema que afecta a todos. Las soluciones deben ser efectivas y rápidas.
