No quiero un genérico para mi riñón
No quiero un medicamento genérico para mi riñón, y así como yo, hay muchas personas trasplantadas de órganos que rechazamos la idea de desmejorar la calidad de vida que hemos logrado, gracias al amor de Dios y al de aquellas personas que en un acto desprendido nos han regalado una nueva oportunidad de vida. Al donante le debemos gratitud por ese acto de amor al prójimo, pero además tenemos la gran responsabilidad de cuidar de ese órgano donado que hoy vive en nosotros. Y así, lo hacemos desde el primer instante obedeciendo las indicaciones del médico, en cuanto a cuidados de alimentación y medicación indicadas.
Hasta hoy nuestros gobiernos nos han provisto de manera responsable con fármacos vanguardistas de primera generación con la más alta calidad, y queremos que eso se mantenga. Este año nos tocó nuevamente empezar una lucha conjunta entre pacientes, familiares y médicos especialistas con el fin de que nuestras autoridades comprendan que el ahorro en el trasplantado renal se logra al prevenir el rechazo del órgano con la administración de una medicación que ya ha sido probada con estudios científicos.
El trasplante versus los tratamientos de diálisis representan el ahorro que tanto buscan nuestras autoridades. Para procurar la continuidad de ese ahorro es necesario que los medicamentos innovadores sigan a nuestro alcance; de por sí para nuestros médicos trabajar con estos medicamentos requiere de especial atención, seguimiento y cuidado, aun cuando son de efectividad comprobada.
Cambiar de manera abrupta a intercambiables, cuya efectividad desconocemos, agregaría un factor de riesgo muy elevado al ambiente controlado que hasta ahora han podido manejar nuestros especialistas.
A los directivos de la CSS les pedimos que se mantengan consultando a nuestros médicos tratantes, ellos son especialistas en actualización constante, asisten a congresos internacionales en los que profesionales idóneos estudiosos de esta materia convergen con el propósito de compartir experiencias y comparar resultados en el uso de tratamientos o medicamentos que contribuyan a mejorar el funcionamiento del órgano trasplantado y procuren la mejor calidad de vida del paciente.
También les pedimos que continúen respetando nuestro derecho a disfrutar de una vida digna y con oportunidades de desarrollo en distintas áreas de crecimiento humano, que por las enfermedades crónicas que poseemos, en ocasiones, no podemos explotar al máximo.
A las empresas que venden productos intercambiables les pedimos que respeten las reglas y legislaciones nacionales presentando todos los estudios responsables y reales que avalen la efectividad de los medicamentos que pretenden ofertar; y que además escuchen la opinión de los expertos internacionales conocedores de esta materia que continuamente divulgan información basada en experiencias comprobadas sobre el uso de estos medicamentos en pacientes trasplantados.
En un país pujante como el nuestro con un crecimiento económico continuo, donde la actividad comercial crece apoyada en la inversión tanto nacional como extranjera y el desarrollo de obras magnas como la construcción del metro, la ampliación de nuestro canal interoceánico, es indispensable rentabilizar esos ingresos canalizándolos hacia la población a través de programas de prevención en el sector salud para que realmente se logre el ahorro tan deseado por nuestras autoridades.
Todo ser humano tiene derecho a la vida y este derecho se lo da el recibir la medicación acertada. Es por esto por lo que al momento de tomar decisiones como esta, deben planificar pensando en el deber que tienen para con cada miembro de esta sociedad con enfermedades crónicas que en el caso de insuficiencia renal aumenta cada día en proporciones alarmantes.
Proyéctense en que hoy son estos los afectados, pero que mañana pueden ser otros, ya que esta condición no distingue entre sexo, raza, religión, condición económica, nivel intelectual y profesional.