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¿No se ha dado cuenta que nos ven la cara, a todos?


¿Qué partido estaría dispuesto a publicar sus donantes de campaña? ¿Todos, completitos con nombres propios y cifras? Ninguno. A los partidos políticos no les conviene revelar sus nombres ni tampoco a los donantes.

Dejaría de ser un secreto a voces los favoritismos en proyectos adjudicados, los puestos políticos, consulados, embajadas, notarías, etc. Todo circula en el dinero. Y este tema precisamente es el que brilla por su ausencia en la propuesta interbancada que se propuso recientemente en la Asamblea Nacional, en contravía, del paquete presentado por la Comisión Electoral que consideró topes de campaña y la obligatoriedad de la publicación de los donantes en la página web del Tribunal Electoral para que sea de todos conocida.

Actualmente la lista de donantes es confidencial, y solo pueden verla los magistrados del Tribunal Electoral. ¿De qué sirve que sean solo tres personas las que conozcan esta delicada información? ¿Quién dona a un candidato con propósitos filantrópicos? Nadie.

Cada uno tiene y goza de un interés muy particular cuando entrega estos dineros. Por tanto, sin una reforma sincera no contaremos con unas elecciones transparentes en la próxima contienda electoral.

Un peligro incalculable que puede salirnos muy caro a todos, no solo por el costo democrático, sino por la violencia que pueden generar estas pasiones durante y post campaña.

Si los diputados se sintieran amenazados con la presión ciudadana de no salir reelectos por sus comportamiento en el parlamento, entonces pudiéramos ver cambios significativos en nuestra legislación y su comportamiento.

Pero lastimosamente, en estos días se compran conciencias por lo más mínimo, nuestros valores han quedado tan precarios que prácticamente se venden a cualquier postor por una bicoca. Y en cierta forma esta situación es consecuencia de la desatención de los gobiernos a las clases sociales más necesitadas, que en época electoral aprovechan los políticos para verles la cara a los ciudadanos, literalmente.

No solo eso, la introducción de la Segunda Vuelta; contraviene un fallo de la Corte (1994) que especifica que se gana con los votos mayoritarios. En la constitución siempre ha imperado el principio de la mayoría, además es una práctica que prima desde el inicio de la República. Por tanto, lo constitucional es que se gane en primera vuelta. Aprobar este artículo en las reformas sería un salto olímpico de los tantos que nos han sorprendido nuestros diputados.

Periodista.