No sigamos reprobando la materia educación
Ingeniero de sistemas y comunicador social
Recuerdo el reto. La idea era entrar a ese prestigioso colegio secundario para el cual la nota mínima promedio era 4.5 en la escuela primaria. La recompensa era una educación con los mejores. Pocas cosas, como por ejemplo la cantidad de horas de clases, hacían este sistema diferente de los colegios particulares. Incluso ahí los profesores encontraron un método de emparejar, creando actividades extracurriculares fuera de las horas de clases que eran apoyadas por el colegio, pero corrían por cuenta de cada profesor. Le llaman mística.
Una de las peores cosas del nuevo periodo democrático ha sido el trato a la baja de la educación por parte de nuestros gobernantes y la empresa privada en general. Ya esos colegios de excelencia no existen, y la denominación solo se ha utilizado para construir pocas nuevas escuelas a precios que merecen una buena revisión de nuestras autoridades fiscalizadoras y de control.
Desde 1990, el sistema educativo oficial ha sido abandonado a su suerte. Los docentes con prestigio se han jubilado o abandonaron el sistema, no hay incentivos ni méritos. Es muy probable que si entra en una red social se va a encontrar con desagradables sorpresas, protagonizadas por alumnos y alumnas, en los mismos lugares donde se educaron muchos de los mejores panameños en el sistema de educación oficial. Y no es una cuestión de época, tiene que ver con la formación y la educación de los jóvenes.
Un buen día decidieron nivelar hacia abajo. Y de ahí se promueve, vía leyes de la República, el embarazo adolescente, la impuntualidad, la indisciplina, el irrespeto y el desconocimiento de los valores, la historia de nuestro país, y sobre todo, ya casi no se educa. El sistema funciona, pero sin avanzar.
Yo estoy por pensar que todo esto ha sido a propósito. La primera vía es para fomentar el negocio de multiplicar los colegios particulares, del tamaño que sean. Así se hace más fácil nombrar a profesores que no caben en el sistema oficial, independientemente de su calidad. La otra razón que me viene a la mente es para garantizar que el producto de la educación oficial en Panamá sea mediocre. El promedio de los salarios, más allá del salario mínimo, anda cerca de los 600 dólares. Estas personas no cotizan en la seguridad social, no pagan impuestos, normalmente cobran un subsidio por algo, o más de uno últimamente. Claro que le conviene a mucha gente que esto siga así.
Yo no entiendo para qué sirve que el país tenga un promedio de desempleo del 4%, si el empleo es ínfimamente remunerado. Siempre escuchamos la queja de la mano de obra panameña, que si somos vagos, que si somos impuntuales, etc. Pero con los salarios miserables que se pagan en este país por simple pecado de tener la educación que se tiene, no hay forma que mejore la calidad de nuestro recurso humano. Sume a eso que todas las empresas quieren contratar personal ya formado por otro empleador.
A mí el cuento de los empresarios-políticos nunca me convenció. No sucedió en el gobierno pasado y menos en el actual. Diseñar políticas públicas en materia de educación en un país donde no hay perspectivas de empleo bien remunerado es complicado. Entonces, lo que se debería promover es convertir a esos jóvenes egresados de los colegios en emprendedores.
Ahora, no sé de ningún colegio secundario local que dentro de sus planes de estudio trate el tema. El paquidérmico Ministerio de Educación ha sido dirigido para garantizar que el sistema siga con el enfoque de los años 40 del siglo pasado. Si llenan el sistema con computadoras portátiles como lo hicieron, esto no sirve para nada. Se necesita una conciencia crítica y un espíritu de investigación desarrollado para que esta herramienta le sirva a un estudiante.
Estamos asistiendo al inicio de otra administración gubernamental que, todo parece indicarlo, no tiene la mejor idea de qué hacer con la educación. Por ahí deben estar haciendo planes de última hora, como siempre.
Es como un plan de todos, pero para fracasar. Gracias a que la única cosa buena que nos dejó el periodo militar aún está en pie, que es la clase media, no tenemos un conflicto social colosal. Pero no juguemos con la suerte.
Dejemos de reprobar esta materia como país de una vez por todos. Después nos estamos quejando de que de afuera vienen y nos quitan los puestos de trabajo.
Aprecio el esfuerzo de capacitar a los profesores y maestros en tecnología informática e idiomas, pero hay que hacer más y más rápido. Si no, lo lamentaremos por generaciones.