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No son dioses, ni héroes, solo voceros


La estrategia política de designar “voceros de oficio” para defender las actuaciones de los gobiernos de turno se ha convertido en una constante en Panamá en los últimos 20 años de nuestra supuesta era democrática.

Empero, en la mayoría de los casos los elegidos para defender a los gobiernos adolecen de manejo político y mediático, desconocen la legislación panameña, son devotos de la desinformación y la mentira y defienden lo indefendible con argumentos baladíes y frases politiqueras propias de los charlatanes.

Para ser “vocero de oficio” de un gobierno y proyectar credibilidad se necesita vivir una vida transparente de cara al sol, sin “cola de paja”. Ser la misma persona dentro de un medio de comunicación y fuera de el. Ser mesurado y caballeroso cuando se enfrenta a periodistas y congéneres.

Un “vocero de oficio” no puede ser sarcástico y prepotente, no es un dios, ni un héroe. La era de la dictadura militar donde cualquier uniformado con algunas estrellas en su hombro, amenazaba al pueblo con discursos llenos de odio, es historia.

Es muy fácil atiborrar a los medios con líneas políticas paridas por los cerebros creativos de los asesores presidenciales, lo difícil es que la gente inteligente y bien informada lo crea.

Hoy es más que difícil engañar a la opinión pública, por siempre. El panameño de cuello blanco y el limpia botas, no es ciego, mudo ni sordo, siempre está bien informado.

Las mentiras de los “voceros de oficio” tienen una vida productiva corta. Al ser descubiertas, los efectos negativos sobre un gobierno son catastróficos.

Un “vocero de oficio” sorprendido en una mentira, perderá la confianza del pueblo y aunque diga desde la sede del Vaticano que el agua no está turbia, nadie le creerá.

“Se puede engañar a pocas personas todo el tiempo, se puede engañar a muchas personas durante poco tiempo, pero no se puede engañar a todas las personas todo el tiempo”, Abraham Lincoln.

El “vocero de oficio” debe ser coherente en su discurso y consistente con lo que dice y lo que hace. Cuando un “vocero de oficio” no es verás se convierte en un politiquero más, con mil caras, desde la de un ángel hasta la del diablo, que defiende más su bolsillo que una causa.

Decir lo bueno o malo que hace un gobierno es saludable para la democracia. Socavar la crítica quiebra la libertad de expresión. Las críticas no serán agradables, pero son necesarias. Es mejor molestar con la verdad que complacer con la mentira.