No todo está acabado
Me siento triste porque creo que mi vida se ha acabado ya, monseñor Emiliani. Desde hace dos años estoy postrada en una cama por un terrible accidente que tuve y aunque los médicos dicen que recobraré poco a poco el movimiento de los brazos, nunca podré volver a caminar. Ya de hecho muevo mis manos, sobre todo el brazo derecho. Pero he perdido toda mi plata en médicos y tratamientos. Era socia en una pequeña empresa de cosméticos con otras tres personas. Vendí mis acciones para poder ir pagando deudas. Ya estoy saliendo de otros dos préstamos gracias a que mi padre me ha ayudado. Soy madre soltera y mi hija está acabando el colegio. Ahorita le estoy dictando esta carta a ella, que por cierto le manda saludos. Me estoy acercando más a mi religión gracias a una hermana que pertenece al neocatecumenado. También vienen a verme unas personas de la legión de María. Pero los que más me han visitado son unos hermanos de una Iglesia evangélica que está a una cuadra de mi casa. Nunca he sido una mala mujer, pero pude haber sido mejor. Ahora estoy tirada en una cama con 38 años de vida y creo que no tengo futuro. ¿Qué puedo hacer postrada aquí en un lecho? Dígame, ¿qué puedo hacer?
Mire señora, la vida es dura y algunas veces pareciera insoportable la carga. Lo suyo no es fácil: Primero, debe aceptar lo que le ocurrió y que ya es parte de su existencia. No se atormente más con el "si yo hubiera...".
Qué tal si forma un grupo de oración en su propia casa y desde allí se convierte usted en promotora de espiritualidad para otros. Tiene que instruirse en la fe y practicar la oración intensamente. Debe también cooperar con el restablecimiento de su cuerpo haciendo ejercicios con sus brazos y esforzándose para tener la mayor movilidad posible.
Veo que tiene aptitudes para el negocio. Pues la experiencia de su antigua empresa de cosméticos le puede ayudar para levantar otro negocio con gente optimista y que tenga ganas de luchar. Cuenta con un papá que la puede ayudar en eso y con una hermana que es muy espiritual. Está su hija, que la quiere ver luchando, no dejándose vencer. No diga más que "todo está acabado", sino más bien: "comienzo una nueva etapa en mi vida, con Dios en mi corazón y con ganas de luchar y vencer".
Vamos señora, que la peor postración no es la de estar en una cama, sino la de estar lisiado del alma y sin ganas de vivir y de amar. Allí en esa cama podrá orar más, leer libros interesantes, inclusive recibir personas que podrá usted aconsejar y por qué no, dirigir un negocio. Convierta esta situación negativa en un trampolín para su superación. Le pido que no sienta lástima de usted misma, sino fuerza y coraje para seguir luchando en la vida. Cuente con mis oraciones y sepa que Dios la ama y con Él usted será invencible.
Monseñor cmf.