No todo lo que parece es...
Un sector agropecuario estancado, una canasta básica que supera los $300 cuando el salario mínimo es de $490, un sistema de educación ineficiente, marcadas negligencias en el sector público de salud, trabajadores insatisfechos, delincuencia, pandillerismo y una crisis recurrente en el servicio de agua potable...
Los economistas también pintan un cuadro a su manera e indican que es cierto que se ha logrado llegar a un 4.5% de desocupación, eso técnicamente es pleno empleo, pero el 41% de la población ocupada tiene un empleo informal y esto no significa un empleo verdadero.
Por otro lado, con la relación a la pobreza, aun cuando ha disminuido, el 29% de la población sigue siendo pobre y el 11% vive en niveles de indigencia, lo que es cuestionable en un país con altos niveles de crecimiento económico.
Estos son los detalles que obviaría cualquier gobernante a la hora de promocionar a su país en el extranjero, pero es la cruda realidad y es la que más pesa para la mayoría de los panameños, porque todo el panorama tiene como escenario un solo lugar, Panamá, la llamada a convertirse en el Dubái de América Latina.
Sin embargo, para los gobernantes es mejor vender la imagen de un país que registra un crecimiento de 10.5%, con una tasa de desempleo del 4.4% y que está regularizando a los extranjeros, además de resaltar el gran interés de inversionistas europeos y latinoamericanos que buscan llegar a Panamá.
Es cierto que hay una gran bonanza, que las crisis mundiales no están afectando significativamente a Panamá; pero, si alguien del Gobierno se detiene y realiza una encuesta y pregunta a las personas si están percibiendo ese crecimiento, la mayoría contestaría que no. Recomendación: Hay que pintar un cuadro realista, que permita un análisis verdadero y un cambio positivo.
