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Nos equivocamos todos
Los medios de comunicación de todo el mundo, analistas políticos y especialistas en comunicación política, gurús y estrategas de las encuestas mundiales, todos, absolutamente todos fallaron de una forma u otra en los pronósticos sobre la elección en los Estados Unidos. Y es que si bien el triunfo de Donald Trump tampoco era una idea descabellada, sobre todo luego del tremendo golpe sufrido por un anuncio impactante del FBI hacia la propia candidata Demócrata, los pronósticos indicaban, al menos, una victoria muy ajustada de uno y otro.
Al ganar Hillary Clinton el voto popular en ese país, se cumple exactamente lo contrario a lo pronosticado. Pero es que la interpretación a lo sucedido ya merece un análisis más global, dado que no es un fenómeno único del país norteamericano.
Ya lo vivimos con nuestra propia elección en 2014. Los múltiples errores en las últimas semanas de la campaña del candidato presidencial del gobierno, dieron fuerza a una candidatura victimizada cuyas propuestas eran, simple y sencillamente, sacar del gobierno al grupo instalado.
Y estamos pagando las consecuencias.
Lo mismo está pasando con una serie de elecciones que han cambiado el curso de la historia actual: el Brexit del Reino Unido, esta elección llamada por el entonces primer ministro David Cameron para aplacar a los extremistas de su propio partido, terminó en una irresponsable aventura que ha terminado desestabilizando a toda la Unión Europea.
Ni hablar de lo sucedido con el plebiscito en Colombia. A pesar de toda la maquinaria tanto del propio gobierno como de los medios de comunicación plegados a la idea del Sí, se actuó de espaldas al propio electorado y a los sectores que lograban captar las constantes observaciones de la ciudadanía, y así vimos como se terminaba rechazando la propuesta de paz.
Es el momento de revisar los métodos con lo que se aplican las ciencias estadísticas para presentar los resultados de las encuestas. El mundo ha cambiado tanto, que todos lo instrumentos de medición necesitan ser reevaluados para poder presentar a la opinión pública, instrumentos de previsión confiables y no el lamentable resultado que estamos teniendo.
La elección de los Estados Unidos ha servido para revindicar a los medios de comunicación tradicionales contra el avance de las redes sociales, que durante mucho tiempo se convirtieron en la nueva fuente de la noticia, su propio desprestigio logró que los internautas prefirieran sus redes sociales y su emisión normal a los ya antiguos blogs y referentes en el Ciberespacio.
Aun con lo anterior, queda claro que, independientemente de si un medio decide mostrar su apoyo a un candidato o a una filiación política, es su apego a la verdad y a la presentación de los eventos tal cual como suceden que harán que la ciudadanía no les pase factura, lo que provoca la pérdida de sintonía y, por supuesto, de pauta publicitaria.
Hay que replantear todo. Los métodos de la comunicación política necesitan ser revisados. El monitoreo, la observación, la investigación de campo, quizás necesiten ser ampliados y potenciados antes de emprender campañas electorales que terminarán en rotundos fracasos, a pesar de lo muy inexplicable que pueda parecer.
Estamos ante el final de una era y el inicio de otra. Es doloroso y lo podemos palpar, pero hay que hacer los ajustes y los cambios necesarios. Si no, seguiremos llevándonos sorpresas que muchas veces, terminan siendo desagradables.
Ingeniero de Sistemas. Estratega-Consultor Político.