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Nos estamos convirtiendo en clasistas

Por: Redacción 13/08/2015

Soy un usuario frecuente del Metro de Panamá. Gracias a Dios, he podido hacer unos cuantos viajes a otros países y la mayor parte de las veces, utilizo el sistema de transporte público para los desplazamientos, sobre todo donde es posible. En una buena parte de estos lugares, el sistema metro es un importante componente de la solución vial, de manera transversal, o sea, para todos.

Es más, es muy frecuente en ciertas ciudades encontrar todo tipo de personas. No hay distinción. Es cierto que en varios países, este sistema se ha complicado por la falta de inversión en infraestructura, pero ese es otro tema.

Lo cierto es que es para todos. Planteo este ejemplo porque creo que es lo más fácil para graficar la siguiente idea, la cual cada día más se hace evidente en nuestra sociedad.

Los panameños nos estamos convirtiendo cada vez más en clasistas. Y se nota. Olviden la xenofobia y otras hierbas aromáticas. Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que clasista es aquel "que es partidario de las diferencias de clase o se comporta con fuerte conciencia de ellas".

Un día entré al Metro de Panamá en saco y corbata. Es la cosa más normal del mundo en todos los lugares donde hay metro. Lo he hecho muchas veces. Pero en nuestro país es diferente. Me llamó mucho la actitud de la gente. Algo así como que no encajaba.

Y es que para muchos panameños, el metro es para la clase baja que no tiene para un carro. Me toca ver a personas que mueven unos cuantos metros su carro entre estaciones de este sistema para no entrar al mismo.

Este es solo un ejemplo. Para los comerciantes, lo más fácil para mercadear un producto es identificarlo como exclusivo o para personas muy importantes, mejor conocidas como vip.

No importa si no se tiene para comprar el producto, la gente lo gasta para sentir esa exclusividad, que no es más que una ficción. Solo veamos lo costoso que es entrar a una sala de cine en nuestra ciudad de Panamá. ¿Cuál sala creen ustedes que es la que agota todos los boletos primero?

Lo malo de este comportamiento es que nos hace cada vez más excluyentes y sectarios. En algún momento, incluso, ha llegado al tema político. En las pasadas elecciones, había un partido al que muchos identificaban con "los de dinero" y a los otros, con los pobres. Por supuesto que en realidad no es así, peor, muy en el fondo, muchos de sus dirigentes promovían esas diferencias.

Lo mismo pasa con los que pregonan el odio hacia los extranjeros en nuestro país, algo que es de reciente data. Hay unos extranjeros que sí son tolerables, no importa qué hagan digan o suceda con ellos. Y hay otros que no son los deseados.

Así nos podemos ir describiendo este comportamiento, que es el que lleva a que hasta niños de 5 años tengan teléfonos inteligentes de ultima generación carísimos, mientras sus padres tienen que ver cómo llegan a final de mes con las finanzas del hogar.

Esto es un antivalor que, si no lo revisamos pronto, va a terminar con nuestra sociedad. Nos hará cada vez más individualistas y mezquinos. Seremos el blanco perfecto de ideas políticas extremas que triturarán en millones de pedazos el concepto del panameño amable, con empuje, luchador, trabajador y, sobre todo, amigo.

Creo que estamos a tiempo para que esta situación cambie. No he querido analizar el origen del mismo porque es múltiple. Y así mismo debe ser la forma en que debemos revertirlo.

Por una parte, la educación cívica y ciudadana debe regresar a las escuelas. A todas. Recuerdo a un amigo que me decía que tuvo un mal momento en la escuela de su hija porque le enseñaban que ella era diferente a los demás por su clase social alta. Hacer entender a nuestros estudiantes que todos somos iguales pasa también por educadores y directivos.

Es un buen momento para que grupos sociales se involucren en la tarea de rescatar al panameño de siempre y su idiosincrasia. Lo mismo que a todas las iglesias de nuestro país, que, en alianza, deben proponer a sus feligreses la integración familiar y la primacía del respeto del individuo en el hogar.

No basta con crear ministerios y autoridades para "resolver" estos problemas. No es el Gobierno. Somos todos. Y se nos acaba el tiempo. Si no comenzamos a trabajar ya, nuestras próximas generaciones sufrirán las consecuencias de nuestra falta de acción.

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Viernes 31 de julio de 2026

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