Nos falta una actitud inclusiva
Tenemos que advertirnos cercanos de corazón. Realmente hemos acortado las distancias, pero no hemos aminorado aquello que nos separa como especie. A mi juicio, hasta ahora cultivamos más una actitud excluyente que un talante inclusivo. Lo cierto es que para todo necesitamos sentirnos piña; tan próximos como tiernos, tan del camino como caminantes, tan de la multitud como de uno mismo en definitiva. Esto se injerta exclusivamente desde el amor, que se manifiesta más en obras que en palabras, más en dar que en recibir, más en donarse que en separarse. Por desgracia, ¡cuántos análogos nuestros viven con gran sufrimiento nuestro rechazo! Hemos perdido la ternura y, lo que es peor, la capacidad de comprender para poder aproximarnos unos a otros, en cambio hemos ganado riadas de hechos violentos. En consecuencia, pido el destierro de toda violencia antes de que todo el mundo acabe violentado por la necedad. Cuidado, que esto también se contagia.
Por eso, está muy bien que ahora se proponga garantizar una educación equitativa y de calidad por un lado, y promover el crecimiento económico y el trabajo decente por el otro, para todos, pero hace falta además, que la marginalidad se destierre de los ojos del alma de toda la ciudadanía. En este sentido, es necesario contraponerse a los intereses económicos egoístas de unos privilegiados y a la lógica del poder de unos pocos, que excluyen a la mayoría de la población mundial. Precisamente, Naciones Unidas, acaba de estimar que cerca de setenta y cinco millones de jóvenes están desempleados a nivel mundial, la mayoría de los cuales viven en países en desarrollo, sin realizar labor alguna, como si ya fueran productos de abandono y desecho. ¡Qué poco valemos los seres humanos para algunos!. La Organización Mundial del Trabajo añade, asimismo, que si bien ciento veinticinco millones de jóvenes, es decir, uno de cada cinco que están trabajando, viven con menos de un dólar al día. En vista de este problema, la humanidad a través de sus organismos internacionales, tiene que invertir mucho más en actitudes solidarias, para que podamos construir un futuro más de todos y menos de nadie. O sea, más justo en suma, sin tantas desigualdades.
Indudablemente, el mundo tiene que sentirse cercano en sí mismo, con una ciudadanía diversa, pero unida. Solo mediante el diálogo y el compromiso ciudadano, se puede mejorar la convivencia y atesorar anhelos, sin tantas fragmentaciones absurdas. Auxilia siempre a los demás, incluyo antes que a ti mismo, podría ser un buen propósito para empezar, sobre todo para tomar una actitud más próxima al ser y a sus colectividades, de la que todos formamos parte y somos parte.