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Nos hace falta prosperar en la cooperación

Por: Redacción 03/09/2016

En lugar de poner alma en lo que hacemos, todo indica que nos dejamos enganchar para el combate. Precisamente, hace unos días, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), alertaba al mundo "que de enero de este año a la fecha actual, más de 650 niños han sido reclutados por grupos armados en Sudán del Sur". Para desgracia de todos, los niños de hoy siguen padeciendo horribles sufrimientos. Prohibamos las armas. Dejemos de hacer negocio con ellas. No tiene razón de ser en una sociedad que se dice avanzada y, además, virtualmente globalizada. Invirtamos en educación. No podemos convivir en el odio, siempre destructivo de vidas, y tampoco en el persistente miedo. Indudablemente, no cabe una mejor prueba de avance de una civilización que la de prosperar en la cooperación entre continentes y pueblos.

La socialización del mundo es algo primordial para la coexistencia de culturas. En este sentido, también nos llena de consuelo que multitud de investigadores del mundo científico, apuesten por la prohibición de los llamados robots asesinos. El desarme del mundo debiera ser algo prioritario en las agendas de todos los líderes, pues aparte de dilapidar las riquezas de las naciones, todo es destruido. Por eso, hay que garantizar el respeto de los derechos humanos fundamentales, la participación de todos en los asuntos públicos, y un progreso más consistente en la defensa de todo ciudadano, desde otras perspectivas más conciliadoras.

La paz llega cuando impera la justicia, la coherencia, el sentido humano, y para esto no hace falta que nadie nos tema con las armas. Es todo más cuestión de corazón. El testimonio de Elio Rujano, comunicador del Programa Mundial de Alimentos (PMA), nos resulta verdaderamente esclarecedor: "Ese desamparo, esa vulnerabilidad, esa tristeza que queda en ellos (los que sufren) es lo que más impacta porque no saben a quién recurrir. De verdad cuando nos ven a nosotros llegar con ayuda es como que les vuelve el alma al cuerpo, les vuelve el espíritu de saber que pueden contar con una mano que se les puede tender en el momento que más lo necesitan... Hace muchos años yo me preguntaba para qué vine al mundo. Realmente la respuesta la hallé como cooperante. Sencillamente vine al mundo para servir".

La verdad que cuesta esperanzarse ante una atmósfera tan cruel, donde los niños se han visto significativamente afectados por el extremismo violento, donde a menudo han sido, como bien indica el informe de Naciones Unidas, de 20 de abril de 2016: "blanco directo de los actos concebidos para causar el máximo número de bajas civiles y aterrorizar a las comunidades, incluso representando a los niños como “verdugos” u obligándolos a ser terroristas suicidas". Ha llegado el momento de prosperar en la cooperación de todos para con todos. Abrámonos a la cooperación. Sin amodorrase, piense en el quehacer de la hormiga. Ningún predicador es mejor que ella: no dice nada y, sin embargo, unidas lo hacen todo. Como quien no quiere la cosa, estas buscavidas también injertan su gran lección al mundo.

Escritor

 

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