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Notable diferencia

Por: Redacción 08/03/2015

Observando los acontecimientos en Venezuela, es fácil identificarse con el dolor y la impotencia del hermano pueblo, sometido a la prepotencia y a la ineptitud de un sistema de gobierno que, como en otras latitudes, se encumbró por las vías democráticas, pero ahora busca enquistarse en el dominio del quehacer social, sin tolerar la discrepancia de quienes no lo adulan.

Algo similar sucedió en Panamá en los decenios de 1970 y 1980, cuando los militares, aupados por civiles serviles, dirigían a su antojo la vida nacional; invirtiendo millones en pertrechos de guerra que solo usaban contra los opositores inermes. Recuerdo haber tenido que huir, con uniforme de graduando, casi asfixiado por las bombas lacrimógenas y oyendo el detonar de las armas, solo por acudir a una acera a expresar el descontento.

En aquella coyuntura muchos pensábamos cuál sería la evaluación de la comunidad internacional ante lo que nos ocurría.

Es vergonzosa la actitud de los Gobiernos del continente ante los sufrimientos de la mayoría de los venezolanos.

Cosa sabida es que en países como Cuba y Venezuela, quienes ostentan el poder no padecen hambre, cuentan con todas las ventajas de un sistema hecho a su medida; por eso pueden jactarse en forma demagoga de resistir frente a los cuestionamientos de los demás, invitando a otros para que perseveren porque sencillamente esos seudolíderes poseen recursos que el ciudadano común anhela.

De los regímenes socialistas del continente es de entender que eviten pronunciarse; pero, en aquellos países como el nuestro, en donde supuestamente se vive en democracia, el silencio es ofensivo.

Cuando el presidente Martinelli ofreció un espacio en la OEA para que la opositora Corina Machado comunicara al mundo la debacle socialista, el resto de los presidentes del área mantuvieron la desidia. Envalentonado, el señor Maduro se apresuró en romper relaciones diplomáticas, algo que no es capaz de hacer con Washington.

Aquí se programa realizar una cumbre de presidentes de América en la que, no lo dudo, habrá un derroche de espectáculo informativo, promoción de turismo y distracción respecto a los problemas locales, todo menos un pronunciamiento firme respecto a las violaciones de los derechos humanos en Venezuela y en cualquier otro país en donde se conozca.

Por otro lado, las grandes cadenas televisivas internacionales solamente ven las fallas de los gobiernos socialistas en materia de libertad de expresión, pero no dicen nada de países como Panamá, en donde los dueños de estos medios saben cuadrarse ante los poderes políticos y económicos para desprestigiar a quienes se opongan al gobierno de turno.

Es sorprendente constatar que mucha gente no analiza que esas cadenas televisivas, con sus noticiarios, programas de opinión, etcétera, son simplemente negocios, empresa privada que se rigen según los criterios de sus dueños. Si a ellos se les ocurre denigrar la fama de alguien, lo hacen, antes de que las autoridades judiciales investiguen y dictaminen.

Volviendo al tema venezolano, es irrisorio escuchar que en nombre del lenguaje diplomático, los dignatarios del continente no denuncien las arbitrariedades allá cometidas. ¿Dónde queda el respeto a la persona humana, que vota, trabaja y sostiene el aparato estatal?

Las omisiones son unos de los pecados más graves que podemos acumular en los países que nos denominamos cristianos.

¡Que viva la República del Istmo de Panamá!

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Viernes 31 de julio de 2026

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