Notable falta de liderato en educación
Fue el doctor Jorge Illueca, ilustre soberano de la tribuna, quien en un histórico discurso pronunciado en la tumba del doctor Octavio Méndez Pereira, en 1955, señaló entre las virtudes que adornaron al Maestro: “Cuando la patria vagaba por las calles sin maestro, Méndez Pereira la tomó de la mano y la inició en la búsqueda de su propio futuro”. En aquella época también se destacaron otros insignes maestros, tales como José Dolores Moscote, Abel Bravo, José Daniel Crespo, Federico A. Velásquez, Otilia Arosemena de Tejeira, Vicente Bayard P., Isabel Herrera Obaldía, Víctor M. Dosman, Sara Sotillo, Miguel Mejía Dutari y tantos más igualmente meritorios.
Pasada la época del “cincuentenario de la República”, y hasta mediados de los años 60, comenzó una sensible baja en cuanto al liderato en Educación; a partir de la década del 70 del siglo pasado en adelante, fue resquebrajándose cada vez más hasta convertirse en la “profunda crisis” por la que atravesamos en la actualidad. La calidad de los dirigentes magisteriales, así como también los titulares del ramo educativo, durante los últimos 22 años en democracia, ha desmejorado enormemente, lo cual dice mucho de la precaria situación en que se encuentra la Educación panameña, pese a los cientos de millones que anualmente se asignan al sector educativo en el Presupuesto General del Estado.
¡La aguda crisis educativa es cada día más notoria! En solo tres años del actual “régimen de mando personal”, los presupuestos del Meduca han superado en decenios de millones a los anteriores al 2009. La burocracia se ha disparado: además de la ministra titular, funcionan dos viceministros; más de 30 asesores; diversas direcciones generales, 10 directores y subdirectores regionales, amén de supervisores, directores y administrativos de las escuelas básicas, medias y técnicas existentes en el país. Empero, el producto de la cuantiosa inversión ha desmejorado notablemente: dentro y fuera del país se cuestiona la calidad de la enseñanza que se imparte.
Ante la zozobra de los valores que orientan la vida del país, todos proclaman la educación como su tabla salvadora en todas las marejadas de la existencia. El hecho de que la sociedad vea en la educación (especialmente la que se verifica en el aula), el remedio por excelencia para sus males, hace más compleja la misión del Meduca. Vale decir, ¡no es una tarea fácil! Es cuestión de idoneidad y prestancia, de personalidad y liderato; que es precisamente lo indispensable, justo y necesario para poder mantener un diálogo permanente con los educadores.
Pedagogo, escritor, diplomático.
