Notables en su laberinto
Como pronostiqué en un artículo precedente, y me quedé corto, por el método adoptado por la llamada “comisión de notables”, el 31 de agosto de 2011, cuando venza el plazo para recibir propuestas, las presentadas serán más que los artículos de la Constitución. Ya van 360; la Constitución tiene 328 artículos, contando los transitorios, que deben restarse.
Cerrado el plazo para recibir propuestas, durante septiembre y octubre, “los notables”, según su leal saber y entender, podarán el frondoso árbol y “armarán el preproyecto” que someterán a la consideración del Consejo de Gabinete, que podrá prohijarlo, modificarlo o rechazarlo, según le parezca o convenga, antes de llevarlo a la Asamblea.
Comparando el actual proceso de reformas con el que culminó con la adopción, el 1 de marzo de ese año, de la denominada Constitución Política de 1946, las diferencias son abismales. Entonces existían razones de alto calado para modificar la Constitución de 1941, producida bajo el decisivo influjo de l Dr. Arnulfo Arias, y para acomodarla a sus particulares concepciones del ejercicio de poder.
La Asamblea Constituyente instalada en 1945 fue una transacción para superar la crisis política de la época; pero, por haberse encomendado la redacción del anteproyecto al connotado trío de juristas, formado por los doctores José D. Moscote, Ricardo J. Alfaro y Eduardo Chiari, que supieron interpretar la coyuntura que vivía la nación y se hicieron eco de las tendencias constitucionales en boga, el resultado fue la que, sin duda, es el mejor estatuto constitucional que nos ha regido, hasta ahora.
¿Existe en este momento una “necesidad” de reformar 40, 50 o 100 Artículos de la Constitución vigente? Con todo el respeto por los proponentes, creo que no. La Constitución necesita de “un puñado de reformas”, conceptuales se entiende; pero no mucho más. Por ello, un ejercicio como el que se desarrolla, antes que útil, terminará en el absurdo.
A estas alturas, para reencauzar el incongruente proceso de reformas, “los notables” debieran hacer una pausa en la recepción de propuestas; publicar con profusión en páginas pagadas las hasta ahora presentadas, agrupándolas por materias. Ello ayudaría a evitar que sigan sucediéndose sin orden ni concierto. Y, si se atreven, hacer una valoración conceptual de las que han recibido. “Los notables del 45” cumplieron a cabalidad un papel histórico y trascendente; los actuales navegan sin rumbo en un infinito mar de propuestas y, al final, todo parece indicarlo, no serán otra cosa que “meros ensambladores” de una “colcha de retazos”, sin ninguna orientación ideológica.
