Notas sobre el comportamiento curioso
El comportamiento tanto del hombre como de la mujer se ve hoy determinado por procesos, acontecimientos y desarrollo que no han visto ni vivido directamente, sino de los que solo han oído hablar. En La Chorrera, por ejemplo, ocurre algo que transforma el comportamiento de cientos de personas que no han visto lo que ha ocurrido; tienen noticias de ello por informaciones de personas que tampoco lo han visto; el lenguaje en que se informa del suceso no es, sin embargo, reflejo de los “hechos”, sino que siempre lleva consigo parte de interpretación y opinión propias.
EL COMPORTAMIENTO CURIOSO SE DA EN TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES, PERO SU INTENSIDAD VARÍA INDIVIDUALMENTE ASÍ COMO TAMBIÉN SU MODALIDAD, DE ACUERDO CON LOS DIVERSOS ÁMBITOS VITALES.
¿Qué ha ocurrido? ¿Un accidente, una catástrofe? Según punto de vista del informante, la noticia toma un colorido distinto; y luego se precipita sobre los afectados todo un caudal de informaciones, noticias, opiniones, declaraciones, desmentidos y comentarios; y entre estos últimos encontramos incluso aquellos que tratan de insinuarles que lo ocurrido no les afecta en lo absoluto.
Al final, el individuo se ve obligado a decidirse, basado, por decirlo así, en una sensación interna, a creer algo, a considerar algunas informaciones como probables y otras como improbables. Entonces deviene curioso de nuevas informaciones y eso lo lleva a leer y escuchar todo lo relacionado con ello, volcándose formalmente sobre cada noticia nueva, hasta en el caso de que esta solo venga a reforzar su inseguridad inicial. Los medios responden gustosamente a esta “necesidad” de informaciones, organizando servicios especiales informativos, sesiones extraordinarias y ruedas de prensa, actividades y sucesos que, a su vez, estimulan la curiosidad del público.
En todo caso, el comportamiento exploratorio y curioso lleva al hombre como a la mujer al conocimiento. Este es el origen de la ciencia y todavía hoy sigue siendo su inagotable fuente. El impulso originario para esta tendencia lo constituye un principio de conservación de la especie. Pero ello es un programa abierto establecido con miras a los efectos recíprocos con el medio respectivo; en el caso de que se modifique el medio, el programa se adapta a él. Lo único que queda con carácter general es el impulso.
La curiosidad reina en empresas y universidades, en las administraciones y medios de comunicación; el impulso que arrastra al hombre y a la mujer a investigar y que le hace dar la vuelta a cada piedra para enterarse de lo que hay debajo, mantiene también vivo el interés por lo que hace el vecino o el colega, por cómo tiene arreglada la casa el recién nombrado ministro o por las noticias de actualidad política. Un modo de comportamiento originario y funcional --como lo es el comportamiento curioso-- puede adaptarse a todo tipo de circunstancias.
La convivencia entre los hombres alcanza la más alta calidad humana cuando la persona aprende a hacer el uso correcto de su curiosidad, con mesura en el sentido de Aristóteles: el periodismo sensacionalista, la desvergüenza que se manifiesta en ciertos medios de comunicación, el afán de causar sensación y dar el espectáculo, no nos causarían tanto dolores de cabeza si el público hubiera aprendido a hacer uso mesurado de su curiosidad.
Todos conocemos el ímpetu de la curiosidad y su influjo sobre nuestro comportamiento falto de control racional: un accidente en la autopista, y observaremos cómo los vehículos de la otra vía se detienen o conducen despacio dando lugar a embotellamientos; curiosos impiden las operaciones de salvamento y socorro; algo parecido ocurre en el caso de incendios o catástrofes naturales: prácticamente no hay incendio que no atraiga espectadores que luego obstaculizan el paso de los bomberos.
Finalmente, hemos de señalar que el comportamiento curioso se da en todos los hombres y mujeres, pero su intensidad varía individualmente así como también su modalidad, de acuerdo con los diversos ámbitos vitales. Hay personas que con toda seguridad no son curiosas ni pretenden llegar a nuevos conocimientos científicos, que no leen cada libro que cae en sus manos y que tal vez se interesan solo por lo que hace el vecino, por lo que gana, cómo gasta su dinero, y así, con desfachatez rayana en la indecencia, observa cada una de sus acciones.