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Novedad que el hombre necesita


Lorenzo Concepción B. / PANAMA AMERICA

Estamos viviendo momentos jubilares en la vida de la Iglesia. “La Iglesia, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes” (LG 1).

El Año de la Fe es un tiempo como lo dirá el papa Benedicto VXI, “para redescubrir el camino de la fe, para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo”. (Porta Fidei 2).

Esta fe que exige escucha, aceptación, profesión y vivencia se nos condensa en el Misterio Pascual. También comporta la exigencia evangelizadora que Pablo nos manifiesta cuando se siente interpelado; “hay de mí, si no evangelizo”.

Frente al “olvido” diríamos así, de nuestra fe, de nuestras raíces religiosas; Pablo nos recuerda el imperativo que comporta desde los primeros siglos de la Iglesia. Un evangelizador, capaz de hacer una “nueva” evangelización suscitando en el oyente una propuesta.

Podemos saber ¿cuál es esa nueva doctrina que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber qué es lo que significan? (Act. 17,26-22), le interrogan en el Areópago aquellos hombres cultos de su época, que no hacían otra cosa que decir u oír la última ideología. El hombre contemporáneo también nos interroga sobre nuestra fe. El mensaje de salvación es como diría san Agustín: “… hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé” (confesiones libro 7) y que hoy urge exponerla al hombre sediento de sabiduría humana y divina.

La última novedad como en el Areópago, es el ayer, hoy y siempre Cristo Jesús. Seguidle.

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Lunes 17 de agosto de 2026