default

Nuestra administración de justicia


En días pasados aparecieron en este diario varios añejos y delicados cables internos de la Embajada EE.
UU. hacia sus superiores en el Departamento de Estado, detallando la corrosiva corrupción dentro de nuestros estamentos de justicia; expuestos vía fina cortesía de los controversiales Wikileaks. Esto no era noticia para los panameños; los fallos en nuestros juzgados, en muchos casos, se inclinan al más “generoso”.

Conozco de primera mano a nuestro benemérito Órgano Judicial y varios miembros del siempre influyente clan Martinelli, independientemente de que partido rige en el poder, que me hacen apto para opinar las siguientes letras.

Del Departamento de Estado Norteamericano, al igual que de la INTERPOL, aprendí vía su página web desde 1999 http://www.state.gov/g/drl/rls/hrrpt/1999/396.htm de la comprobada corrupción en nuestra justicia, al punto que todo fallo aquí junto a sus solicitudes internacionales de captura están en tela de duda o, sencillamente, desobedecidas. Del hoy ‘renunciado’ juez Rubén Royo, aprendí de primera mano que nuestra justicia cuenta internamente con los mecanismos para que pruebas exculpantes y contundentes sean fácilmente eclipsadas con simples zancadillas, si es lo que la más influyente de las partes así lo prefiere. Además, aprendí que no existe hoy manera jurídica para que los juzgados saquen la pata después en rectificar un dudoso fallo ( http://rubenroyo.wordpress.com ).

En fin, y parafraseando a Emile Zola, yo acuso al Colegio Nacional de Abogados de Panamá (CNA) de no utilizar su Tribunal de Honor y su fácil acceso a los medios, para señalar las corruptas prácticas de muchos de sus miembros dentro del Órgano Judicial a quienes les queda la toga de juez o magistrado muy grande; a quienes se prestan a cooperar a asistir al fuerte contra el débil y, por ende, fallar a su juramento durante el inicio de su carrera como fiscal o juez. No son nada injustas las reincidentes observaciones que diplomáticos y organismos extranjeros esgrimen contra nuestra versión de justicia, nuestros dantescos gulags, y la impunidad selectiva que predomina aquí, gracias a la inacción del CNA. Nuestra acongojante paradoja “Made in Panama”; mientras los usuarios opinan que manejamos el Canal mucho mejor que los norteamericanos, continuamos privando al indigente de beneficiarse de ese Panamá próspero. Igualmente insistimos en preservar la paleolítica administración de justicia que nos priva incursionar al primer mundo. ¡Que caiga quien caiga!