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A nuestra América Latina y las izquierdas

Por: Redacción 20/03/2014

Docente en Filosofía e Historia

Estoy convencido de que el aspecto cultural ha sido y será determinante en el replanteamiento de los intereses de las naciones y de sus sociedades, porque, evidentemente, cada región en el mundo –y esto es importante señalarlo– tiene su propia cultura histórica y ancestral, ya sea en China o en la India, es igual. Si nos acercamos más, veremos que cada una de estas regiones tiene sus propios problemas e historia a la lumbre del capitalismo.

Sean las diversas formas como cada región en el mundo fue incorporada a la economía mundial de la época, a través de la VOC Indian Company holandesa, el Imperio español o el portugués, esto conllevó a que el resultado final en la historia contemporánea fuese la ascensión del capitalismo, su política y su cultura.

En el proceso histórico de América colonial, las ideologías se implantaron en la mentalidad de la época, las cuales eran el conformismo y la resignación; los criollos, mestizos, negros e indígenas, no podían ser libres ni felices en este mundo, tenían que soportar el gobierno de “su graciosa majestad”, así vivieron y murieron generaciones enteras. Tal conceptualización y manipulación ideológica fue llamada el “aristotelismo de los encomenderos”, el cual ha sobrevivido, hasta la actualidad, por cuanto concurre en nuestro mundo lo que Tucídides expuso: “La Historia se repite en espiral”, porque la naturaleza humana es la misma. En este caso, el ansia de poder es el mismo.

El norte de la época contemporánea han sido los Gobiernos democráticos, representativos y republicanos; fue un gran avance porque la monarquía no permitía cuestionamientos, solo exigía sacrificios.

En la actualidad, en América, existen Gobiernos y dirigentes que pretenden de manera desesperada mantener igual manipulación sobre sus pueblos utilizando discursos y esgrimiendo la represión, sea que se denomine de la derecha o sea que se denomine aun con mayor fuerza la izquierda, la cual no reconoce más partidos e ideas que los suyos, se abroga el derecho de que para defender al pueblo hay que someterlo y quitarle sus sueños, esperanzas y libertades.

Igualmente, estos Gobiernos han utilizado un discurso divorciado de su historia y de la realidad económica de su propia nación.

Así los Gobiernos no pueden desarrollar su gestión presidencial si pretenden dirigir un país a través de discursos ideológicos desfasados, y actuar con impunidad e irrespeto a la voluntad de las mayorías, porque las sociedades están compuestas por individuos que necesitan y tienen la voluntad de crecer y crear sus proyectos de vida; si el Gobierno no ofrece soluciones, “no subirá la loma”. Más si no permite el pluralismo cultural y de ideas producto de una sociedad viva y en movimiento; si pretende que el mundo quede estático; irá contra la corriente sociocultural y dinámica de las sociedades, es recrear los tiempos de servidumbre y esclavitud propios de las regiones coloniales en el mundo de la era moderna (siglos XVI-XVIII).

En ello tengo que coincidir con el filósofo Samuel Huntington: el mundo actual es pluricultural y, por ende, debe ser pluripolítico.

Ningún Gobierno que pretenda revivir un Estado de un solo partido o monopartido podrá sobrevivir en este siglo, porque la cultura de los pueblos ya es impermeable a la explotación ideológica de antaño. Así de simple.

Las sociedades actualmente requieren que las herramientas de productividad en sus respectivos países funcionen; que las expectativas individuales se cumplan y que los proyectos de vida al menos tengan los mínimos asegurados por el respeto a las Constituciones políticas y cartas de intenciones, para lograr desarrollarlos.

Si un Gobierno le niega a su pueblo esta mínima oportunidad y este legítimo derecho a ser feliz y a perseguir positivamente su éxito y beneficio, tendremos lo que en América Latina y en otras partes se sufre actualmente, el conflicto.

Y el conflicto está presente en nuestra América, en donde los dirigentes especulan con su pueblo y, de ñapa, insultan a nuestro mandatario, en vez de regresar a la realidad histórica actual.

Debemos mirarnos en ese espejo, cómo para mantener el poder se cometen injusticias y atropellos a su propio pueblo, porque en nuestro país también existen problemas, la libertad para señalarlos, denunciarlos y disentir no ha desaparecido, como lo hizo solo unas décadas atrás.

Hermanos de Venezuela, ¡estamos con ustedes! ¡Viva la revolución!… sí, pero tecnológica, científica, económica, de ideas, de cultura, de expectativas y, sobre todo, para adentro, porque el que no cuida su casa… acaba perdiéndola.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026