Nuestra educación en caos
Porque las situaciones que suceden en nuestros colegios, con nuestros educadores y en la Universidad nos llevan a pensar que es hora de poner atención seriamente a la responsabilidad que tenemos todos los sectores y más los involucrados directamente en la misma. No podemos llamar en otra forma a lo que se publicó el domingo en algunos medios de comunicación y que deja un sabor amargo en lo relacionado con el sistema educativo y lo que está alrededor del mismo. Desde luego que "árbol que crece torcido, nunca su rama endereza" y si desde muy abajo tropezamos con dificultades, se nos dificultará llegar a la Universidad, que es el nivel que creará la verdadera formación profesional de los panameños.
Me ha preocupado enormemente enterarme de la alta deserción estudiantil en ese centro educativo que es nuestra primera casa de estudios con miles de faltas en los últimos semestres. Tengamos en cuenta que los estudios son los que cambian nuestra existencia, son la base del mejoramiento profesional, de llegar a serlo con seriedad, con conocimiento pleno de lo que estudiamos y que nos sustentará nuestro futuro porque lo que se aprende estudiando no nos lo quita nadie de la cabeza.
En otros artículos he hecho énfasis en que no se entra a la Universidad para pasar las materias, se va para ganar una carrera profesional conociendo lo que ella trae, porque, de lo contrario, seremos profesionales mediocres que andamos por la vida sin llenar los espacios educativos.
¿Qué es lo que induce a esa deserción estudiantil tan marcada como de miles, no de cientos, de estudiantes? No creo que sea la parte económica, ya que muchas mujeres que han levantado solas a sus hijos, estos finalizan sus estudios y triunfan en la vida. ¿Será que no existe la motivación para que esos muchachos terminen lo que empezaron o que no existe la orientación profesional para que ellos elijan correctamente la carrera y luego de comenzada, la dejan porque se dan cuenta de que no es lo que les agrada o para lo cual están preparados? No me extraña que sea una debilidad de los programas educativos tanto a nivel medio como superior y sería saludable preguntarnos ¿cuál es esa debilidad y en qué consiste esa equivocación de los estudiantes?
Puede ser que no todos los profesores están totalmente preparados para la enseñanza a ese nivel y no existe una total valoración, sino conveniencia para su presencia. Pero podría ser también que nuestras escuelas públicas carecen de ciertas enseñanzas a ese nivel y esa carencia educativa trae como consecuencia el fracaso en la casa superior.
Por otro lado, es responsabilidad de los educadores, algunos de los cuales no se interesan totalmente en la verdadera enseñanza, sino en oponerse a cambios que los haga trabajar más y mejor y utilizan el tiempo de trabajo para paros inoperantes y que relaja la formación de esos niños para que luego se debilite la formación profesional. A los educadores hay que formarlos desde la Normal para que sean responsables y se comporten como verdaderos maestros o profesores. Si se los nombra para trabajar, deben hacerlo con el corazón y no malgastar su tiempo en reuniones estériles para ir en contra de las autoridades. Estas autoridades deben llevar a cabo un estudio profundo de qué sucede en la educación panameña para encontrar los resultados de los porqué de los sucesos. De ninguna manera podemos continuar en este caos que perjudica al país porque jamás podremos ser de primer mundo si la educación no avanza a la par de lo económico.
He encontrado preocupante la noticia de la deserción estudiantil universitaria y, a esta altura, desconocemos la causa. Elucubramos pero no aterrizamos en el conocimiento de la misma. Es bueno que abramos los ojos porque la educación es la base del desarrollo de un país; sin educación seremos mediocres y es hora de que nos percatemos de los defectos que tenemos para solucionarlos. Saquemos la política de la educación y no permitamos caer en el hoyo profundo de que, antes que aparezca lo indecible, dejemos la política para los políticos, para los temas como tales y profesionalicemos lo que nos traiga utilidad y resultados positivos. Miremos lo que hacen otros países para imitarlos y llegar a donde ellos han llegado.