Nuestra educación está quemada
Docente de Udelas/ Sede de Azuero
Se inicia el año escolar 2015 en nuestro país, y me pregunto ¿hacia dónde vamos’, ¿qué queremos para nuestros hijos, alumnos y juventud? Cada día, es más difícil encontrar una escuela que reúna los elementos básicos para que nuestros hijos encuentren el camino correcto; que sea guía para que los lleve hacia metas concretas y alcanzables, en medio de un mundo complejo invadido de tecnología y pérdida de valores.
Nuestro primer elemento, los docentes, son los responsables de brindar los conocimientos. Hoy día los educadores se encuentran en una situación compleja y delicada, los medios de comunicación son culpados de situaciones de violencia, pérdida de valores y de identidad personal, sobre todo en los jóvenes y adolescentes.
Es importante destacar que la función del docente en las escuelas es, principalmente, de tipo social y debe contribuir a asegurar que los niños y los jóvenes reciban una educación de calidad, que los forme como ciudadanos. Es una profesión que requiere de entrega, idealismo y servicio a los demás. La calidad de la educación se correlaciona con la posibilidad de desarrollo del país, por lo que se debe buscar que el maestro tenga los elementos necesarios para cumplir con su función; si no le brindamos estas condicione, vamos creando en el docente, una acumulación de sensaciones de impotencia, un desgaste profesional y personal que lo puede llevar a un estrés crónico y un cansancio emocional.
Hoy, la docencia como puesto de trabajo, obliga al docente a realizar, en muchas ocasiones de manera simultánea, una gran variedad de actividades que van desde lo administrativo; como el cuidado y mantenimiento de las escuelas; lo profesional como la planeación de actividades docentes, la elaboración de materiales didácticos, actividades interpersonales con los padres de familia, autoridades, compañeros y alumnos, lo que implica un duro esfuerzo y una significativa carga psíquica en el trabajo. Esto puede llevarlo a sentirse “quemado” o con Síndrome de Burnout.
Colocamos a los padres como nuestros segundos actores, los encargados de la moral, quienes son los responsables de darles las bases de la educación en valores, desde los primeros años de vida a sus hijos. Sin embargo, hoy en este nuevo siglo de tecnología, este rol se está haciendo cada vez más difícil en un mundo agitado, donde el tiempo no es suficiente para dedicarles a los hijos cantidad y calidad de atención; aunado a esto le podemos añadir que muchos piensan que lo material es más importante para ellos (celulares, tableta, redes sociales y otros) y no le damos importancia a la práctica de valores morales y religiosos.
Todo esto nos lleva a un agotamiento físico y emocional que nos aleja cada vez más de nuestros hijos, pues pensamos que lo material es lo más importante. Por lo que sé, los padres se desgastan en múltiples empleos para buscar una mejor calidad de vida, lo que provoca una distorsión entre lo que quieren, lo que necesitan y lo que les brindan a sus hijos.
El Estado, nuestro tercer actor en el proceso de enseñanza aprendizaje, tiene un rol difícil y complejo: Mantener infraestructuras adecuadas, nombrar docentes idóneos en todas las áreas, cumplir con los pagos a los docentes, contar con un plan de estudio actualizado y de calidad, que nos garantice una educación a la vanguardia, para lograr que los estudiantes vuelvan a tener interés en el estudio y luchen por alcanzar sus metas. El Estado es responsable de la educación y debe cumplir con todos los actores: docentes, estudiantes y padres.
Finalmente hablemos del actor principal y objeto de la educación, los estudiantes. ¿Qué estamos haciendo para que estos mantengan su interés en aprender cosas nuevas? Con la nueva tecnología, las redes sociales, las influencias extranjeras, los medios de comunicación; en fin, todos ellos producen una presión de grupo que lleva a los estudiantes a darle más importancia a lo material y a la tecnología que a los conocimientos que se les pueda brindar, pues consideran que el conocimiento que necesitan está en una laptop y en internet, y no en las aulas.
En conclusión, docentes, padres, estudiantes y Estado estamos obligados a unir esfuerzos para evitar que la educación en nuestro país caiga en un estado de “agotamiento crónico”. Así podemos avanzar en este nuevo siglo, donde la tecnología pareciera que nos está ganando la batalla. Es importante que todos reflexionemos sobre: ¿cómo era la educación? ¿Cómo es actualmente? ¿Cómo la queremos en el futuro? Debemos buscar ese equilibrio entre Estado, padres y estudiantes, en el que todos tengamos una visión clara de la educación. Para alcanzar esta meta debemos trazar un camino que sea agradable y divertido para nuestros estudiantes.