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Nuestra lucha generacional

Por: Redacción 07/01/2014

Ricardo Cochran Martínez /Docente en Filosofía e Historia (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La principal causa de las desavenencias con los Estados Unidos nació con el Estado nacional en 1903: la firma del Tratado Hay-Bunau Varilla; el cual no firmó ningún panameño. La siguiente generación de panameños nacida después de 1903 se enfrentó en 1926 a la aprobación del tratado Kellogg-Alfaro, que insinuaba la participación de Panamá en las acciones belicistas de Estados Unidos, así como el control de las estaciones de radio de Panamá. Fue rechazado tajantemente por la opinión pública; Acción Comunal y el Sindicato General de Trabajadores tuvieron presentes en esa lucha.

Posteriormente en 1936 se firma el tratado Arias-Roosevelt o el Tratado General de Amistad y Cooperación; entre sus logros está la construcción de la carretera Panamá-Colón, pero las radiocomunicaciones volvieron a estar en manos de los estadounidenses.

El 6 de octubre de 1941, el Dr. Arnulfo Arias Madrid presenta al Consejo de Gabinete la propuesta del presidente Roosevelt para artillar barcos con matrícula panameña, en contra de los submarinos alemanes; la misma fue rechazada por considerar que se violaba la neutralidad de Panamá y, por ende, del canal interoceánico, aún cuando no estaba en nuestras manos… El 9 de octubre, Arias fue derrocado y el 8 de diciembre declaramos la guerra a Japón; el 12 de diciembre hicimos lo propio contra Alemania.

En 1942 se firma el denominado “Convenio de bases”, que permitía el uso de sitios estratégicos en la República de Panamá por causa de la guerra. Cedimos 15 mil hectáreas para estos sitios.

En 1947 el tratado Filós-Hines pretendía mantener estos sitios de defensa; pero fue rechazado por las manifestaciones populares y la federación de estudiantes.

En 1958 se dan dos hechos importantes creados por la juventud estudiosa del país, que ya se había convertido en su conciencia patriótica y nacionalista: el Pacto de la Colina en la Universidad Nacional, luego de una sangrienta represión por parte de la Guardia Nacional a los universitarios y estudiantes de secundaria de varios planteles, destacando el Instituto Nacional; y la magnífica y altamente cívica siembra de banderas panameñas, en la Zona del Canal.

Luego en 1959 se dio el enfrentamiento sangriento entre estudiantes y las fuerzas policiales de la Zona del Canal por reclamar nuestra soberanía. Eso obliga posteriormente a los Estados Unidos aceptar la soberanía titular de Panamá en la Zona del Canal.

De ahí provino el conflicto final del 9 de Enero de 1964. Los institutores, vigilantes siempre del cumplimiento de los acuerdos beneficiosos a la lucha soberana de nuestra patria, reclamaron en la tarde de ese día que se izase la bandera nacional en la escuela de Balboa. El gobernador Fleming no pudo o no quiso contener las ofensas y el ultraje en contra de una pequeña comisión de jóvenes del Instituto Nacional, y con la insignia patria rasgada llegaron al Instituto y de ahí salieron los héroes, heroínas y mártires de esa gesta generacional que como vimos desde 1903 había empezado, y no se detuvo con la cantidad de muertos y heridos del pueblo para esa fecha.

El resultado fue que dejaron en evidencia la brutalidad y la ambición estadounidense por mantener un canal para sus fines belicistas, como pasó durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora en plena guerra fría, Panamá, a través de esa generación de estudiantes, pudo ante la faz del mundo denunciar el atropello de una potencia contra una nación pequeña que solo exigía un trato justo en torno a su canal interoceánico.

Así, con la sangre de esos mártires hoy casi olvidados por las nuevas generaciones de panameños, se logró sentar las bases de la derogación del tratado de 1903 y negociar un nuevo tratado más justo, equitativo y pro Panamá. Fue el fin de una era.

La tarea fue amarga, pero se triunfó al final. Lo que nos queda por preguntarnos es por qué no les hemos permitido a nuestros jóvenes estudiantes participar como lo hicieron con la crítica, el sacrificio y la convicción para lograr una patria mejor.

Aun así debemos considerar que si nuestras juventudes desconocen su historia patria, sus raíces, sus luchas, sus sacrificios, ¿cómo podemos entonces enjuiciarlos y tratarlos como delincuentes?

Ha sido el Estado el que ha olvidado a sus mártires y como dijese el filósofo español Menéndez Pelayo: “Pueblo que olvida su historia está irrevocablemente condenado…”.

Espero no levantarme un día y contemplar una nueva zona del Canal, con extranjeros que no vertieron una sola gota de sangre esa tarde de enero, viviendo a costa de la desidia y la ambición de nuestros dirigentes y la indiferencia de nuestro pueblo.

Por ello, en la celebración de los 50 años de la gesta gloriosa del 9 de Enero de 1964, a nuestros mártires, jóvenes institutores y al pueblo en general no los olvidaremos y la historia tampoco.

¡Salute!

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Lunes 10 de agosto de 2026