Nuestra misión: preparar ciudadanos
La fecha de hoy nos separa 190 años de nuestra Independencia de España. Ocurrió, por supuesto, el 28 de noviembre de 1821. Fue el Coronel José de Fábrega nuestro máximo héroe nacional. Pero la ocasión no es para relatar la historia otra vez, sino para enviar un mensaje patriótico a la juventud panameña. Seguimos interesado en nuestro noble propósito de preparar ciudadanos que puedan contribuir a la cultura y al progreso del país. Que la nueva generación no tenga la dolorosa necesidad de hablar de la pacificación de los espíritus y de gastar sus energías en campañas contra la corrupción y la violencia.
Realizamos una labor de paz. Pero somos combatientes: combatimos por la libertad, por la justicia, por los principios democráticos. Democracia, lo sabemos, es convivencia, pero convivencia no en la servidumbre, no entre esclavos, sino entre hombres y mujeres responsables y libres. Queremos que de nuestras escuelas salga una juventud estremecida por ideales de la más limpia estirpe, del más puro y alto empeño, de la más generosa y noble actividad.
Repetidas veces hemos escrito y hablado del ideal que entraña nuestra vocación de maestro.
Sí, lo inspira el anhelo de ver una generación de hombres y mujeres que enaltezca el país; lo guía un espíritu humano que huye del irrespeto; y son nervio de él la voluntad, el entusiasmo y la fe. Intentamos la formación de ciudadanos rectos y viriles, de ideales, de mentalidad cultivada, capaces de impulsar el progreso del país. ¡Intentamos salvar las almas de los futuros ciudadanos, de la vulgaridad, de la pedantería, de la superficialidad, del servilismo!
Todo ciudadano de una democracia tiene perfecto derecho de intervenir en los destinos de su Patria. Mejor todavía: es su deber. Pero no corresponde a la escuela adoptar un partido de exclusión. Su labor es más amplia: prepara una capacidad, desarrolla un espíritu, modela un carácter. Los individuos educados dentro de este temperamento llevarán, a uno u otro partido, una misma viril energía para el bien obrar, y un mismo espíritu abierto, honrado, comprensivo, tolerante, disciplinado en severos estudios. ¡Con tales elementos, bien puede regenerarse una Nación como la nuestra!
Necesitamos técnicos. ¿Quién podrá dudarlo en esta época del volante, de la máquina y de la tecnología? Pero hemos de tener cuidado en no olvidar los conocimientos que implica una cultura general. Y, además, recordar siempre que el maestro no solo transmite conocimientos sino que despierta, ilumina y orienta la conciencia de sus discípulos.
Pedagogo, escritor, diplomático.
