Nuestras últimas elecciones
Cuando un pueblo se propone algo, lo logra; cuando deseamos que todo salga bien y hacemos lo posible porque así sea, también se logra. Y eso fue lo que sucedió en estas elecciones últimas celebradas el pasado domingo. Aunque decimos frecuentemente que nuestra democracia es endeble, supimos conservarla sin tropiezos, a pesar de algunos incidentes previos que, gracias a Dios, resultaron sin importancia. Salió electo el que quiso la mayoría y, a pesar de algunas predicciones de que se presentarían actos de violencia, sucedió como había dicho que sería.
NUESTRO PRESIDENTE ELECTO, PORQUE LO ES DE TODOS LOS PANAMEÑOS, TIENE QUE BORRAR CON SUS ACTUACIONES LO NEGATIVO DE ESTA CAMPAÑA; QUE NO RECUERDE CON RENCOR LO QUE LE HICIERON, SINO MIRAR HACIA EL FUTURO PROMISORIO DEL PAÍS PARA QUE CONTINUEMOS POR LOS SENDEROS YA TRAZADOS Y RECUPEREMOS LO QUE NOS HAGA FALTA.
Cuando me comentaban al respecto, siempre respondía que nuestro pueblo es pacífico y que no queremos la violencia, menos por unas elecciones. Desde luego que para los tres candidatos se jugaba un futuro, igual que para sus seguidores. Sin embargo, ambos candidatos perdedores enviaron mensajes de tranquilidad y aceptación de su derrota.
Considero, sin embargo, que la campaña electoral fue excesivamente larga y agotadora para los candidatos tanto presidenciales como para otros puestos de elección. Debiéramos incluir en la ley electoral un periodo prudencial y que se especifique su extensión, de manera que no acabe con la fuerza de todos y su costo sea también menor, ya que entre más larga es la campaña, más dinero se gasta y conseguirlo cuesta mucho. Igualmente, existe menos posibilidad de campaña negativa porque las cuñas mediáticas y el trabajo que se haga serán proporcional al tiempo de extensión de dicha campaña. No creo que en nuestra región exista un país donde se despilfarre más dinero en una campaña política que el nuestro y eso también es agotador para los candidatos porque no es cualquiera que aguante ese gasto para luego perder y el que gana, a menos que robe en alguna forma, no logra recuperar lo invertido.
Cuando fui candidata a legisladora en 1989, el periodo de campaña fueron tres meses y lo invertido no llegó a cien mil balboas. Hoy en día son millones y millones los que se gastan para aparentar ser mejor que el otro y luego el pueblo elige a quien quiere, no al que más gasta. Es una lástima todo lo que los contrincantes se dijeron, aunque reconozco que José Domingo se caracterizó por no insultar a nadie ni acusarlos de nada. No así sus seguidores quienes se enfrascaron en un dime que te diré con ofensas, a veces desagradables y personales o políticas con respuestas de parte de los otros candidatos, para lograr solo denigrar a ciertas personas y permitir que se conocieran situaciones personales que no le interesaba a nadie. Debemos aprender a medir lo que decimos y la forma de decirlo, ya que la agresividad al hablar y el deseo de ofender, mostrando sentimientos negativos como el odio y el rencor de algunos, no lleva al país a nada positivo y solo resquebraja la democracia y la libertad de ser y sentir que tienen todas las familias y los candidatos.
Me he referido al pasado inmediato solo con el fin de evitar que se repita en el futuro; solo como enseñanza de lo que sucedió para que aprendamos de los hechos. Pero ahora me referiré al futuro de Panamá. Nuestro presidente electo, porque lo es de todos los panameños, tiene que borrar con sus actuaciones lo negativo de esta campaña; que no recuerde con rencor lo que le hicieron, sino mirar hacia el futuro promisorio del país para que continuemos por los senderos ya trazados y recuperemos lo que nos haga falta. Que recuerde lo que dije al principio sobre la paz y la tranquilidad de todos, tan necesarios para vivir en una sociedad que quiere ser feliz y no ver en sus dirigentes el deseo de venganza. Repito, somos un pueblo pacífico y no deseamos el odio ni el rencor.
Señor presidente, gobierne para todos los panameños, no solo por los que votaron por usted porque, con todo y todo, hemos sido felices durante los años pos- dictadura y solo le pido que piense en el país antes que en sus propios intereses y sus sentimientos porque será recordado cuanto finalice su periodo como un presidente de la concordia y de los buenos sentimientos. Somos una familia grande y lo que le haga a uno repercute en muchos más. A gobernar en paz.