Nuestro irreal arribo al primer mundo
Se ha puesto de moda entre nuestros políticos locales, de ambos bandos, utilizar el tema de nuestro posible ingreso al primer mundo. Como país, no sé cuál es el premio que nos mereceremos cuando oficialmente, finalmente, alguien calificado nos incluya en dicho club. Y aunque el tema es más usado como frase de campaña política, la verdad es que hay mucho detrás de esto.
El aeropuerto de Portela, la terminal internacional aérea de la capital de Portugal, Lisboa, es el mejor ejemplo de cómo un país puede parecer del primer mundo. Al recorrer sus instalaciones, usted puede ver cómo al tercer mundo se le ha arropado cual sábana el manto del primer mundo. Lo mismo se puede ver en las calles de la capital. De la misma manera se puede apreciar este fenómeno en los barrios pobres de las afueras de Madrid.
Chile, nuestro modelo latinoamericano de desarrollo, en su propia capital, Santiago, muestra bolsones de pobreza que han obligado al derechista gobierno de Sebastián Piñera a llevar adelante programas asistenciales más propios de gobiernos socialdemócratas.
Esto del primer mundo va más allá del simple dicho de un político que, al saber que habla bien, lo utiliza para beneficio electoral. Las claves del primer mundo están en la calidad de vida del conjunto de sus ciudadanos. Definido esto, mi pregunta es: ¿se siente bien como vive?
Esto es muy sencillo, si el panameño tiene servicios de educación de primer nivel, que garanticen a cualquier estudiante, ya sea de educación pública o privada en todos los niveles, que la misma lo va a poner en competencia con cualquier profesional extranjero o al menos a satisfacer los mínimos requerimientos de un inversor foráneo, estamos en camino al primer mundo.
Si usted siente que tiene servicios de salud públicos preventivos, servicios hospitalarios públicos y privados de alta calidad al servicio de cualquiera, estamos en camino al primer mundo. Si usted puede caminar unas cuantas cuadras y no tiene problemas por falta de aceras o mala iluminación, estamos camino al primer mundo.
Creo que pocas capitales en Latinoamérica tienen la infraestructura urbana de Caracas, Venezuela. Gigantescas autopistas enlazadas por complicados distribuidores. Edificios gigantescos, etc., etc. Quién puede siquiera pensar que toda esa infraestructura puede ser un indicador de bienestar, cuando todos sabemos que detrás de todo eso hay una infinita pobreza y resentimiento social, producto del descuido de los temas más importantes.
No entiendo cómo seguimos perdiendo el tiempo en la discusión de temas estériles cuando todos, gobierno y sociedad, deberíamos estar aprendiendo todos los días de modelos de países que han hecho bien la tarea, como Corea del Sur. Cuando entendamos cómo se hace, cuál es el problema y el fenómeno completo, entonces podremos decir que sabemos cómo dar ese salto al primer mundo.
Ese argumento sobre el cual en Noruega hay noruegos y en Panamá hay panameños y por eso no podemos tener la misma educación, es tan absurdo como quienes lo plantean.
Panamá tiene un ente gubernamental llamado Autoridad del Canal de Panamá, con modelos de primer mundo, salarios de primer mundo y personal de primer mundo. Todo operando con y dentro de Panamá. Me gustaría saber por qué el resto de la estructura gubernamental no puede enfilar sus objetivos en esa dirección. ¿Quién lo impide?
Estar en el primer mundo no significa que deje de existir la pobreza. La hay en Canadá y en Australia, en Alemania y Francia; pero esos pobres no se parecen a nuestros pobres. Nuestros pobres aún se parecen a los de Haití, Nicaragua o Surinam (que por cierto, no es una isla como indicó un diario local, avalando mi punto de vista en este artículo sobre la educación).
Creo que el esfuerzo de mejorar nuestra infraestructura es correcto. Necesitábamos el mejor sistema de transporte en nuestra alargada ciudad; también creo que hay mucho por hacer con respecto al transporte público en todo el país. Creo que el próximo gobierno debe estudiar el construir las líneas 2 y 3 del metro en paralelo.
Pero el otro esfuerzo que hay que hacer es el de infraestructura educativa y de salud. No me voy a cansar de plantear la necesidad de eliminar el turno vespertino de los colegios públicos del país y reemplazarlos por colegios reales, que funcionen con el mismo horario que los particulares. No podemos seguir entregando graduados de primera y de segunda. Lo mismo el tema de salud. Procedamos de inmediato.