Nuestro poder para la paz
La nueva superpotencia. Por más difícil que sea creer en ello, cada uno de nosotros tiene un poder ilimitado. Tenemos el poder, en forma individual y colectiva, de cambiar el mundo. Nosotros, la gente, somos la nueva superpotencia. ¿Cuáles son las claves para hacer surgir ese poder y utilizarlo en la tarea de crear un mundo de paz? Hay cuatro aspectos que pienso son especialmente importantes: El poder de la esperanza, el poder de la imaginación, el poder de la conexión y el poder del diálogo. Es el poder de la esperanza. Es el poder del cual el mundo nace cada día. Cuanto más noble, misericordiosa y humana sea la meta hacia la cual dirigimos nuestra esperanza, mayor es el poder que hacemos surgir de nuestro interior. Nada genera más poder que la decisión de trabajar por la paz, la esperanza que se ha abrigado en el corazón de incontables generaciones humanas.
El liderazgo para liberar al planeta de la amenaza de las armas nucleares, para construir un mundo sin guerras, se encuentra en las personas "comunes" como nosotros.
El poder de la imaginación. El poder de la imaginación, es el "puente" a través del cual transitan nuestros ideales para convertirse en nuevas realidades. La imaginación es la fuente de la cual fluye la esperanza. El poder de la imaginación, el que podamos vislumbrar diferentes realidades, es lo que nos libera de la equivocada noción de que lo que hoy existe es lo que existirá siempre, y que estamos atrapados en nuestros propios problemas.
El poder de la imaginación es también el poder de la empatía. La escala de nuestra empatía, —que llega a personas que se encuentran en lugares distantes, a personas cuyo estilo de vida e idioma son distintos de los nuestros— es la escala de nuestra humanidad.
El poder de la conexión. El poder ilimitado de las personas se despliega cuando trabajamos en conjunto. Este es el poder de la conexión, el poder de la solidaridad humana. Nuestros sueños crecen y florecen cuando los expresamos en voz alta, cuando los compartimos con los demás. Hacerlo requiere de coraje. Ha llegado el momento de que los ciudadanos comunes del mundo se unan para resistirse a aquellos que promueven la violencia, el terrorismo y la guerra.
El poder del diálogo. En última instancia, la paz no se logrará gracias a los políticos que firman tratados. La paz verdadera y duradera sólo se concretará forjando lazos de confianza y amistad de vida a vida entre los pueblos del mundo. El diálogo es más que dos personas que hablan frente a frente. El tipo de diálogo que puede contribuir verdaderamente a la paz debe comenzar con un "diálogo interior" abierto y sincero. Con esto, me refiero a la capacidad de analizar, cuidadosa y honestamente, nuestras propias actitudes. En definitiva, el desafío que enfrentamos es llegar a ser la clase de persona capaz de respetar verdaderamente a los demás.
