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Nuestros ancianos: ¿queridos, ignorados o soportados?


María J. Atiénzar Caamaño (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Hasta hace unas décadas, la mayoría de las mujeres había subordinado su realización personal y profesional al cuidado de los padres mayores.
En el caso de la sociedad española, con más de siete millones de personas de más de 65 años, está claro el avance hacia el modelo de la Europa más desarrollada. Esas mujeres hoy no tienen demasiado tiempo, ni les sobran fuerzas para ocuparse de padres mayores que necesitan mucha atención. Los mayores temen a la soledad y a las enfermedades, se sienten indefensos. Suelen ser las hijas, y una minoría de hijos quienes afrontan esa responsabilidad. Esa convivencia es difícil y suele causar estados depresivos en las cuidadoras, ya sobrecargadas de tareas laborales y domésticas. Más de la mitad de los ancianos españoles consume fármacos contra la depresión. En ello influyen procesos degenerativos asociados al envejecimiento, pero las frustraciones personales son sobre todo las principales responsables de estas patologías.

En algunas residencias incluyen mascotas, animalitos que se dejen querer, para favorecer otro tipo de relaciones afectivas. Una buena fórmula para paliar la soledad es la presencia de los voluntarios, que se convierten muchas veces en “nietos adoptivos”.

En el fondo, muchos hijos maduros, con el ajetreo de vida actual, no están dispuestos a sacrificar gran parte de su ocio y de su trabajo, de su vida, para atender a sus padres ancianos. La mayoría han cuidado de los hijos a la vez que trabajaban y cuando empiezan a liberarse un poco de esa tarea, comienzan a aparecer las necesidades de mayor atención a los abuelos.

Los ancianos de esta generación son personas que se esforzaron por sacar adelante a sus familias, pero que no crearon con sus hijos lazos afectivos sólidos. El mundo de los sentimientos no se abordó con naturalidad y después de tantos años de sacrificios, los mayores ahora se sienten abandonados y reclaman más cariño que cuidados físicos.

Los hijos y nietos viven en este tiempo, muchos no comprenden los requerimientos de sus mayores y llegan a aborrecerlos. Algunas familias pagan a terceros para que les atiendan, otras los abandonan.

Una parte de estos problemas deriva de la falta de servicios públicos suficientes. Las familias tienen que cubrir tareas que no pueden afrontar, es demasiada carga y pocos recursos. Las tareas del cuidado ya implican al millón y medio de personas mayores dependientes. La mayoría de los mayores vive en familia: ¿queridos, ignorados o soportados? ccs@solidarios.org.es

Periodista.

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Viernes 14 de agosto de 2026