Nueva concepción de la política
La nueva concepción de la política panameña, de ahora en adelante, deberá estar integrada por toda una escala de deberes: decoro humano, patriotismo, conducta creadora, limpieza en los procedimientos, prudencia en el arte y la ciencia de gobernar y honestidad en el ejercicio de la democracia.
Eso es precisamente lo que meditamos y queremos adoptar en nuestro afán de “rescate y afirmación de la República” con todos y para bien de todos. Vale decir, una acendrada pasión por la promoción del hombre y la mujer panameños, lo cual debe ser motor de la mayor importancia en la actividad política.
Cuando la política no es más que el arte de administrar, o de obtener aprovechamientos por el halago de las pasiones y la complicidad con intereses bastardos, o el de satisfacer la vanidad, la política es profesión enojosa y desdeñable. Pero cuando la política tiene por objeto salvar para la virtud y para la felicidad un pueblo que la opresión pudre en el vicio y el hambre lanza al crimen, entonces la política adquiere sentido humano.
En los ciudadanos cabales vemos los buenos instrumentos humanos de la política. Porque los políticos necesitan afrontar en sí mismos la lucha de intereses e ideales.
El mérito mayor está en saber elegir en los momentos difíciles entre los ideales y los intereses, o escoger entre los intereses legítimos y los intereses bastardos, o purificar los intereses bajo el señorío de los ideales.
Existen diferencias concretas entre los malos instrumentos humanos de la política: politicones, politicastros, politiqueros.
Cada uno de estos tipos corresponde a un estado de conciencia dominante en el medio en que se produce. Quiénes menos, quiénes más, todos contribuyen a pervertir y afear la conducta pública. Los politiqueros son los peores. Son, al cabo de veinticinco años o más, tan estériles como en los momentos de entrar en actividad. Cultivan con pompa sagrada las pasiones y colman la medida de lo indeseable y nocivo.
Muy lejos están de ser ciudadanos útiles y ejemplares los que se abstienen de toda actividad frente a la malevolencia de los rectores de la cosa pública, y viven indiferentes en medio de la corrupción oficial. Pero no hay viles mayores que aquellos que miran exclusivamente los intereses de la patria como medios de satisfacer su vanidad y levantar su fortuna. Estos hombres apelan a procedimientos de baja laya para encumbrarse, y se encumbran. Al poder se sube casi siempre de rodillas.
Detestamos a los que ascienden de rodillas, y somos respetuosos ante los que se mantienen erguidos.
