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Nueva forma de colonización


En la última década, nuestro país ha sido invadido por personas de diferentes nacionalidades las cuales lejos de inmigrar a nuestro país con motivos turísticos, han adoptado una tendencia de refugiados, por llamarlo de alguna manera; ya sea por motivos políticos, bélicos o económicos. Estos grupos humanos, representados principalmente por colombianos, venezolanos y nicaragüenses han desarrollado comunidades solidarias y autóctonas en nuestro país, en miras de edificar las condiciones propicias para impulsar una plataforma institucional como grupo (colonización interna).

Este proceder casi colonialista, no es del todo ajeno a nuestra historia, ya que con anterioridad lo han hecho españoles, italianos, griegos, indostanés, chinos y afroantillanos; en miras de estructurarse un lugar sociocultural propio dentro de una realidad social diferente. Sin embargo, y a pesar de que algunas de estas comunidades han alcanzado cierto estatus económico, social y político, su formación se realizó en una etapa histórica en donde la nación requería de este tipo de inmigración sistemática y estable (construcción del ferrocarril transístmico y el canal interoceánico)

Este proceso de inmigración embrionario, la cual benefició a nuestro país, ya que ayudó a constituir una densidad demográfica adecuada para la población del istmo, al tiempo que matizó socioculturalmente nuestra identidad nacional; concluyó hace tiempo. No obstante, a nivel comparativo, los datos del censo del 2000 contrastados con el del 2010, nos reflejan una realidad migratoria que podría sugerir que este proceso aún se gesta por oriundos de los países ya mencionados, los cuales se han duplicado en tan solo una década.

De seguir nuestro país incentivando políticas migratorias débiles, bajo la coyuntura económica actual; no tardaremos en vislumbrar como estos inmigrantes se insertan en nuestro reducido universo socioeconómico y político, adueñándose de oportunidades laborales, empresariales, académicas y políticas.