Nuevo gobierno: política y prudencia
La prudencia aconseja, siempre, caminar por los senderos de rectitud y no apartarse de la verdad. La prudencia y la sabiduría, dice la Biblia, nacieron hermanas. Se requiere prudencia en todos los actos del hombre. Quien se aparta de ella comete yerros cuyas consecuencias son insospechadas, pero sí calculables, predecibles. Quien con mesura y prudencia actúa, aún en la adversidad, verá los frutos de ellas. Paz, soberanía de espíritu, sosiego, calma, quietud en medio de la tormenta, ausencia de temores, etc. Pero, lo más importante de la prudencia, a mi juicio, es la tranquilidad de conciencia que solo se adquiere al tenerse la convicción de que se ha actuado correctamente y conforme a lo bueno y justo, a lo agradable y no para favorecer lo desagradable.
HAGA MUCHA ORACIÓN, QUE SEA DIOS SU PASIÓN Y DIOS SU EMOCIÓN;
A propósito, ¿de qué este exordio moral? Sencillo. Es que requerimos asistirnos de la prudencia también en la vida política, en las cosas que atañen al Estado, al ejercicio del poder político. No podemos, desde la perspectiva política, actuar apresuradamente, pero tampoco tan lento que se hagan ilusas y se diluyan las cosas que requieren hacerse de modo inmediato. Veamos: Es conocido que Juan Carlos Varela, presidente electo, no gana con el respaldo de las grandes mayorías nacionales. Que apenas goza de una tercera parte de respaldo del electorado panameño. Que tiene una Asamblea Nacional de Diputados fragmentada en tres fuerzas políticas, de las cuales denota singular importancia la que conglomera a los diputados del partido Cambio Democrático. Que de hecho, in limine, tendrá un Parlamento en contra y le resultará muy difícil hacer leyes en pro de su programa de gobierno. Que los nombramientos que toca hacer el nuevo presidente electo, procurador de la nación, procurador de la administración, magistrados de la corte, contralor, etc., no los podrá hacer si no cuenta con el aval de la mayoría absoluta de la Asamblea Nacional de Diputados, que, como se ha visto, está fraccionada.
Sobran otras circunstancias políticas que no es el caso analizar merced a lo breve de este artículo, pero que transitan por iguales circunstancias, es decir, de no contar con el aval político de los diputados electos para que se desarrolle ese programa de gobierno.
Con base en lo anterior, nos llama poderosamente la atención que a escasos días para que concluya el ejercicio del poder político para el gobierno de Martinelli, aún las conversaciones entre los designados por los partidos PRD y Panameñista no presenten indicios de que hayan llegado a acuerdo alguno. Al parecer todo se ha estancado en cuanto a los puntos de un eventual acuerdo en los espacios políticos que exige el PRD y los que, como suyos, demanda el partido triunfador -solo en cuanto a la figura del presidente- en los pasados comicios generales. Esto es muy preocupante, no sea que diluyéndose el interés en el diálogo terminemos aplicándole a Varela y, por qué no, también al PRD, el viejo dicho de que “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.
Por otra parte, en torno al comentario político de que algunos diputados “sueltos” del PRD y también del CD andan como moscas cerca de los manjares del panameñismo, buscando comer, al menos, un poco de las mieses del nuevo poder, el mismo presenta distorsiones dignas de análisis en la medida en que, podríamos, sin duda alguna, estar viviendo un nuevo capítulo del transfuguismo. Transfuguismo que presenta, entre otras caracterizaciones, las siguientes: No honrar ideológica ni programáticamente al partido que postuló al diputado. Honrar el bolsillo del diputado electo. Estar con quien ejerce el poder político y no con quien lo ejerció. Seguir los lineamientos de una política de oportunismo que garantice proseguir como diputado en el futuro y ante un cambio de gobierno. Disfrutar lo más que se pueda y por cuanto mucho más tiempo se pueda de los lujos, beneficios personales y demás prebendas que suelen producirse cuando se ejerce el poder político y ello desde las cercanías más inmediatas al hombre que gobierna.
La prudencia aconseja al nuevo gobernante: No se apasione ni desapasione al ejercer el poder. Mantenga la prudencia en todos sus actos. No se genere enemigos -insalvables los naturales- ni se distancie de los sectores populares y menos de los grupos y asociaciones que hablan por los pobres en este país. No se distancie de la gente humilde, pues gran parte de ella lo enquistó en el poder político. Haga mucha oración, que sea Dios su pasión y Dios su emoción. No se siente sobre las consignas populares, pues con las bayonetas puede hacerse lo que se quiera, pero “menos sentarse sobre ellas” -Monsieur Talleyrand a Napoleón-.