Nuevo mercado del crimen
Tener un país en pleno crecimiento, con un sector turístico envidiable en la región y un producto interno bruto (PIB) con más de siete años por encima del 7% y pensar que no va a pasar nada puede convertirse en una utopía o una realidad muy peligrosa. El incremento del crimen organizado en la región no es un secreto para nadie, y en lo primero que pensamos es en las más de 450 toneladas de drogas que se envían, desde Suramérica a Estados Unidos, otras 250 más que van a Europa y 130 que se destinan al resto de los países del orbe, desde esa misma ruta de origen, según la UNODC. El problema es mayor cuando al diversificarse el crimen organizado se utilizan seres humanos como esclavos, mendigos, prostitución y objetivos para vender sus órganos. A eso se le conoce como delito de trata de personas y produce al crimen organizado $32 mil millones al año, y afecta a 4 millones de personas en el mundo.
En Panamá, la guerra contra este flagelo se libra con los mismos resultados que el combate contra otros delitos, a veces se gana, otras se pierde; sin embargo, en los últimos meses el repunte en la captura de tratantes ha producido efectos positivos. Los casos judicializados, las víctimas salvadas y las condenas han aumentado desde el 2012; sin embargo, no fue hasta este año que el Departamento de Estado de Estados Unidos nos calificó positivamente, saliendo del renglón de vigilancia y recibiendo un espaldarazo.
La Comisión Nacional contra la Trata de Personas, en año y medio, se reactivó y logró mejorar, no solo la coordinación entre las 16 instituciones y organismos involucrados, sino que ha luchado para lograr presupuestos cónsonos con la realidad y crear infraestructuras dirigidas a ayudar a los afectados y no revictimizarlos.
Según las últimas operaciones policiales, la trata de personas se desarrolla en pleno centro de la ciudad, Pueblo Nuevo, Parque Lefevre, Betania y Bella Vista, lo que nos indica que este delito está sucediendo en las narices de nosotros y no nos damos cuenta o no lo denunciamos, craso error, porque nos convertimos en cómplices silenciosos.
Según el fiscal especial contra la delincuencia organizada, Nahaniel Murgas, entre los mayores problemas que afronta en Panamá para acabar con este delito están: la falta de cooperación de las víctimas, el desconocimiento de que están siendo explotadas y las amenazas de los tratantes a las familias de las afectados. Las modalidades más comunes son explotación laboral, en su mayoría varones de países de Centroamérica, y explotación sexual, en la que colombianas, dominicanas, cubanas y venezolanas son las principales víctimas.
En su discurso más reciente, el ministro de Seguridad Pública, Rodolfo Aguilera, pidió a los panameños denunciar la trata de personas porque hoy es una extranjera, mañana pueden ser nuestras hijas, hijos o nietos las víctimas de un crimen silencioso, que destruye la moral y que cada día utiliza a Panamá como destino y tránsito del tráfico de seres humanos, considerado como un delito internacional de lesa humanidad y denominado como la esclavitud del siglo XXI.