Nuevo método: préstamo disfrazado para el diésel y la gasolina
En los últimos meses, cada quince días, los panameños sienten temor de encender la televisión o leer los diarios porque casi siempre se encuentran con la noticia que señala un incremento en el precio de los combustibles.
Y es que desde el 2007, los combustibles empezaron a sobrepasar los $3, y luego, el 11 de julio de 2008, cuando el barril de crudo de Texas se ubicó en $147.27, los precios no han dejado de sufrir alzas escalonadas, panorama que ha encarecido día tras día el costo de la vida y que dio una bandera de promesas al actual Gobierno durante los tiempos de campaña para ganar votos.
Hace un mes, el Gobierno tomó la decisión de congelar el precio de los combustibles, lo que representa una baja de unos $4.5 millones en ingresos a las arcas del Estado. Sin embargo, este miércoles anunciaron que los panameños tendrán que pagar unos diez centésimos más por el galón de la gasolina de 91 octanos y de diésel para recuperar en dos semanas unos $2 millones.
Está bien que los panameños aprendan que a veces hay que pagar, pero es una falta de respeto que el Gobierno les ofrezca una medida para aliviar el costo de la vida y que luego pasen factura, dentro de poco también deberán pagar el subsidio de la electricidad y de las viviendas de interés social.
El pueblo merece respeto y que le digan si están dando un subsidio o un préstamo. También merece que los beneficios tan sonados de los grados de inversión logrados se reflejen en los bolsillos y la calidad de vida.
Mientras, las modificaciones a la Fórmula de Precios de Paridad duermen el sueño eterno.
