Nuevo orden constitucional en Panamá
Estamos viviendo un momento de nuestra historia, en el que se requiere una labor de reingeniería de la república. No podemos seguir con los mismos paradigmas políticos e institucionales. Verbigracia, nuestra Constitución es fuente o, mejor dicho, propicia un manejo pervertido del Estado y del derecho. Como escribía Antonio Gramsci, una superestructura en crisis o fallida termina afectando la estructura económica. Ejemplo de lo señalado también se expresa en las falencias actuales del sistema de representación política, este no propicia una real democracia. La partidocracia ha devenido en un muro de contención para la recomposición de la República. Nunca antes habíamos tenido tantos precandidatos a la presidencia. Da cuenta del colapso del sistema partidocrático consagrado en el texto constitucional. La Constitución es un correlato de intereses bastardos que no tienen nada que ver con un Estado democrático. El político que no aborde y haga propuesta para dotar al país de nuevas reglas institucionales es el prototipo de más de lo mismo. Un gatopardista. El clásico embustero y demagogo. El que aspire a ser presidente de mi país debe obligarse por escrito y en acto público que dé fe de la promesa de convocar la asamblea constituyente, además, encontrarle una salida a la crisis del programa IVM de la CSS. Nombrar un representante del pueblo y los trabajadores en la junta directiva de la ACP. El tema constitucional no es nuevo en nuestro medio ni tampoco la cuestión relativa a la constituyente. La Constitución de 1946 resultó un avance de calidad aprobado por una constituyente elegida democráticamente. El Dr. Carlos Iván Zúñiga vivió sus últimos años de vida luchando por ella. Ya desde esos tiempos era obvio y previsible que nuestra Carta Magna transitaba por un proceso, hoy grave de agotamiento.
La misma enfrenta un proceso de desfase que no se corresponde con la realidad. Sus paradigmas, otrora relevantes y fundamento de nuestra institucionalidad, hoy son elementos causales de un funcionamiento fallido de las mismas. Con justa razón el maestro José Moscote escribió que el evento renovador constitucional tiene su razón de ser en una especie de arritmia societal.
Las reglas para patrocinar un orden estable para el funcionamiento equilibrado, consignadas en el actual texto constitucional, generan zozobra y desequilibrios. Verbigracia, las formas de relacionarse los poderes del Estado al igual que un régimen de garantías individuales y sociales que debe ampliarse vienen a constituir asignatura que demandan reformas. Los procedimientos de consulta ciudadana deben elevarse a rango constitucional. El carácter vinculante de las normas supremas debe quedar claro. No hay que hace mucho esfuerzo para demostrar que el actual texto constitucional jalona y propicia elementos de discordia y relaciones y correlaciones que dan lugar al ambiente de grados de ilegitimidad o de seudoconstitucionalismo que contradicen un verdadero Estado democrático participativo.
Abogado