Nuevo orden constitucional en Panamá

Por: Redacción 18/10/2017

Estamos viviendo un momento de nuestra historia, en el que se requiere una labor de reingeniería de la república. No podemos seguir con los mismos paradigmas políticos e institucionales. Verbigracia, nuestra Constitución es fuente o, mejor dicho, propicia un manejo pervertido del Estado y del derecho. Como escribía Antonio Gramsci, una superestructura en crisis o fallida termina afectando la estructura económica. Ejemplo de lo señalado también se expresa en las falencias actuales del sistema de representación política, este no propicia una real democracia. La partidocracia ha devenido en un muro de contención para la recomposición de la República. Nunca antes habíamos tenido tantos precandidatos a la presidencia. Da cuenta del colapso del sistema partidocrático consagrado en el texto constitucional. La Constitución es un correlato de intereses bastardos que no tienen nada que ver con un Estado democrático. El político que no aborde y haga propuesta para dotar al país de nuevas reglas institucionales es el prototipo de más de lo mismo. Un gatopardista. El clásico embustero y demagogo. El que aspire a ser presidente de mi país debe obligarse por escrito y en acto público que dé fe de la promesa de convocar la asamblea constituyente, además, encontrarle una salida a la crisis del programa IVM de la CSS. Nombrar un representante del pueblo y los trabajadores en la junta directiva de la ACP. El  tema constitucional  no  es nuevo  en nuestro medio  ni tampoco  la  cuestión  relativa  a la constituyente. La  Constitución  de  1946  resultó un  avance de calidad  aprobado  por  una  constituyente elegida democráticamente. El Dr. Carlos  Iván  Zúñiga  vivió  sus últimos años de vida  luchando  por  ella. Ya  desde  esos  tiempos  era  obvio  y  previsible  que  nuestra  Carta  Magna  transitaba  por  un  proceso, hoy  grave  de  agotamiento.

La misma  enfrenta  un  proceso  de  desfase  que  no  se  corresponde  con  la realidad. Sus paradigmas, otrora  relevantes y fundamento  de  nuestra institucionalidad, hoy son elementos  causales  de  un  funcionamiento  fallido  de  las  mismas. Con  justa  razón  el  maestro  José Moscote  escribió  que  el  evento  renovador  constitucional  tiene  su  razón  de  ser  en  una  especie  de arritmia societal.

Las  reglas  para  patrocinar un orden estable  para  el  funcionamiento equilibrado, consignadas  en  el  actual  texto constitucional, generan  zozobra  y desequilibrios. Verbigracia, las formas de relacionarse  los poderes  del  Estado al  igual que  un régimen de garantías individuales y  sociales que debe ampliarse vienen a constituir asignatura que demandan reformas. Los  procedimientos  de consulta ciudadana deben  elevarse a rango constitucional. El carácter vinculante de las normas supremas debe quedar claro. No hay que hace mucho esfuerzo para  demostrar que  el  actual  texto constitucional jalona  y  propicia  elementos de discordia y relaciones y correlaciones que dan lugar al ambiente de grados de ilegitimidad o de seudoconstitucionalismo que contradicen un verdadero Estado democrático participativo.

Abogado

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Lunes 13 de julio de 2026