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¿Nuevos actores políticos?


¿Han generado 20 años de juego democrático nuevos actores relevantes en el quehacer político? Prima facie la respuesta parece ser afirmativa. En el 2004 CD obtuvo un 5%, y en el 2009 encabezó una alianza opositora que barrió a las fuerzas gobiernistas al obtener el respaldo del 60% de los votantes. La pretensión del grupo gobernante es haber introducido un nuevo actor en escena: el empresario, que cansado del fracaso y la corrupción de los que se ganan la vida como políticos, decide asumir la conducción del Estado. En el otro extremo, surge, tras el ventarrón electoral, una iniciativa que no vacila en mostrar sus credenciales de izquierda y su opción por un partido de la clase trabajadora. De las mismas aguas, pero con distinta cuna, la dirigencia del mayor sindicato del país anunció que, sin quitarse la camiseta obrera hará proselitismo para llevar a su líder a una candidatura presidencial en el 2014. Salta una paradoja, pues: tras un cuarto de siglo de alternancia de colectivos políticos de distinto signo ideológico, la democracia panameña se aproxima a un enfrentamiento electoral entre el capital y el trabajo, es decir, la forma más antigua y radical del conflicto social. Lo preocupante aquí es que, cualquiera sea el desenlace, el consenso sobre la forma democrática de gobierno podría salir gravemente lesionado. Nunca antes fue tan necesario reflexionar sobre el valor de la ciudadanía y el compromiso que la democracia implica.