default

Nuevos marcos de convivencia

Por: Redacción 17/06/2014

Cada día es más importante restablecer nuevos marcos de convivencia. Lo cierto es que somos muchos, y cuánto más somos, más solos estamos. Uno de los instrumentos más eficaces para salir de esta antipatía solitaria, pasa por vincularse a la cultura. Hablo de un culto a una auténtica cultura como expresión de entendimiento, como conjunto de principios y valores que constituyen el alma de un pueblo, la misma razón del ser humano con su hábitat y su misma especie. La ciudadanía exige que se respete su derecho a una vida plenamente humana, nos la merecemos, y tenemos también el deber de cultivarla. Ahí están los lenguajes universalistas de los tratados entre países, sus ciudadanos y los pueblos, que tienen como objetivo principal la convivencia entre mundos diversos. Evidentemente, en una sana armonía, la discriminación no puede existir para que se produzca el acercamiento de unos y de otros. El hecho de que existan privilegios y dominadores dificulta gravemente la concordia y entorpece cualquier asunto que aliente a la unión.

La negación de los derechos humanos básicos de ninguna manera va a favorecer acuerdo alguno. Por este motivo, convencido de que hay exigencias de mínimos que deben cumplirse, es preciso forjar en el mundo un nuevo lenguaje de compromisos y acciones.

Lo dijo Hasan Rohani cuando juró como nuevo presidente de Irán ante el Parlamento: “la única solución con nuestro país es el diálogo, no las sanciones”. Sin embargo, para muchos pueblos, la violencia y el odio siguen siendo el único horizonte que se divisa.

Sería saludable para todos la colaboración ciudadana para crear una atmósfera de mayor fraternidad. Lo dice un proverbio africano: “La unión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre”.

Por eso, pienso que es el momento de trazar líneas de convivencia humana rectamente ordenadas hacia un objetivo que debemos tener claro todos, donde se reconozcan y se respeten mutuamente los derechos y los deberes, con la eficacia y la diligencia debida. No basta, por ejemplo, reconocer al ser humano el derecho a la vida, si luego no se procura, en la medida de lo posible, el sustento básico para dignificar esa vida. Ni es suficiente esto solo, porque la sociedad humana se va desarrollando conjuntamente, por lo que tampoco puede dejársele excluido del avance conjunto.

Está visto que cuando perdemos ese orden (entre la moral y la ética), soltamos la bestia salvaje que llevamos dentro, en lugar del ángel que también poseemos.

Edición Impresa

Viernes 7 de agosto de 2026