Obama, Reid, Pelosi, Boehner, Tea Party y TPC
Para la sorpresa de nadie, los republicanos se hicieron con el control de la Cámara de Representantes; pero los demócratas conservaron la mayoría en el Senado, en buena medida debido a que solo se elegía un tercio de los senadores (el Senado se renueva por tercios; la Cámara de Representantes, en su totalidad).
Favorece a la Casa Blanca que el líder demócrata en el Senado, Harry Reid, haya sobrevivido la embestida del “Tea Party”. Su victoria, crucial, y la permanencia de Nancy Pelosi como líder de la que será la minoría demócrata, completan el reparto de los principales actores y reflejan lo que será la política norteamericana, en los próximos dos años: una Cámara republicana y un Senado demócrata, forzados a convivir y llegar a compromisos.
Su victoria no dará “automáticamente” a los republicanos el poder para revertir las principales leyes impulsadas por Obama, especialmente la revolucionaria reforma del “sistema de salud”. Así lo reconoce el congresista Boehner, que reemplazará en la presidencia de la Cámara a Nancy Pelosi. Para poder hacerlo necesitarían la conformidad del Senado y el respaldo de 2/3 de los miembros del Congreso, necesarios para superar el poder del “veto” de Obama.
Los republicanos, es previsible, empujarán, pero solo hasta donde no corran el riesgo de ser vistos como obstructivos. Y en ese juego de amagos y recogidas, tendrán que “hilar fino”, pues no son un bloque monolítico. Los ultraconservadores del “Tea Party” presionarán por medidas radicales; mientras el “stablishment” republicacno, encabezado por Boehner, calculando sobre las posibilidades de enfrentar con éxito a Obama en el 2012, se manejarán con más realismo.
Obama salió “tocado” de las elecciones de medio término, pero está muy lejos de estar derrotado políticamente. Roosevelt, Reagan y Clinton, las perdieron, igualmente, y los tres fueron reelectos dos años después. Obama tiene a su favor haber retenido el control del Senado y la posibilidad de recurrir al veto, si fuera necesario, aunque se cuidará mucho de amenazar con usarlo. Además, podría ayudarle la recuperación que parece vislumbrarse en el horizonte de la economía norteamericana, cuya difícil situación fue causa principal del castigo de los electores.
Las elecciones del pasado 2 de noviembre, como preludio de las presidenciales del 2012, han aumentado las expectativas de los republicanos; pero su “momentum” puede cambiar sustancialmente en el transcurso de los próximos dos años, en los que el estado de la economía, será el factor más importante.
Obama luchará por su supervivencia; los republicanos por preservar la tendencia que, por ahora, les favorece. La contienda se librará, principalmente, a lo interno de los Estados Unidos, dando prioridad, como es lógico, a sus problemas económicos. No creo, y el tiempo se encargará de demostrarlo, que Obama o los líderes de la nueva mayoría presten atención prioritaria a temas como los TPC pendientes de ratificación el Senado. Por ello, estimo infundado el optimismo expresado por nuestros gobernantes.
En un artículo que publiqué recién estrenado el presidente Obama, señalaba que sus prioridades serían recomponer la economía de su país, recuperar el liderazgo internacional visiblemente mermado por su predecesor e impulsar su agenda de cambios sociales. Nada ha cambiado desde entonces y ahora, que Obama tendrá que luchar por su “supervivencia política” y por preservar “su legado histórico” como el primer “primer presidente afroamericano”, esas prioridades se reforzarán y opacarán “otras agendas”, que pasarán, por imperativo de las circunstancias, a segundos y terceros planos.
