default

‘Obamacare‘

Por: Redacción 02/10/2013

REDACCION / PANAMA AMERICA

El presidente Barack Obama afronta simultáneamente los escollos más difíciles de su segundo gobierno. Por un lado, el gobierno federal puede colapsar si carece de fondos suficientes para seguir funcionando. La disponibilidad del gasto presupuestado es dependiente de la Cámara de Representantes, de mayoría republicana. Por el otro lado, se presenta el problema mayor de la elevación del límite de la deuda pública. La maniobra de los republicanos ultraconservadores del Tea Party condiciona el visto bueno a la eliminación de los fondos de la reforma de salud bautizada como el “Obamacare”. Obama se balancea en un hilo de araña. Debe elegir entre la amenaza del cierre del gobierno por falta de fondos y la cancelación del programa de salud que, desde 2010, busca extender la cobertura médica a 40 millones sin seguro social. Economistas independientes creen que la deuda ya sobrepasó hace tiempo límites peligrosos, que debilitan la recuperación a mediano plazo.

Mientras esto acontece en el frente económico, el gobierno de Obama obtuvo respaldo en el frente diplomático. La resolución de la ONU sobre destrucción de armas químicas del arsenal de Siria fue el desenlace de la estrategia norteamericana que empezó con la amenaza de ataques tácticos por el uso de gas sarín; luego pasó al viaje de expertos de la ONU para comprobar la existencia de esas armas; y se pudo lograr que Rusia y China votaran a favor de la resolución. Aparentemente, Obama logró salir exitosamente del laberinto en que se metió con el anuncio de una intervención bélica rechazada por un país fatigado por los gastos de conflictos internacionales. El mandatario expresó en una alocución que la advertencia del castigo militar sirvió para frenar las acciones genocidas del régimen sirio. Algunos analistas favorecen la intervención de Putin para contener los ataques contra Siria. Sin embargo, Rusia ha quedado al final como rehén del cumplimiento de la destrucción de las armas químicas, cuyo empleo Bachar al Asad achacó, antes, a las fuerzas rebeldes.

Otro presidente demócrata, Woodrow Wilson, fue envuelto en el pasado por remolinos internos algo parecidos a los que se abaten sobre Obama. Wilson logró, después de la Primera Guerra Mundial, que los países europeos renuentes a la idea de la Sociedad de Naciones apoyaran su creación. La victoria diplomática de Wilson se convirtió en un revés en Estados Unidos al desestimarse la aprobación legislativa de la institución, preámbulo de la ONU. El flujo de victorias que se transforman en derrotas y de contratiempos políticos coyunturales desbordados después por las corrientes del tiempo reaparece en la gestión del primer presidente afroamericano. Se ha empeñado en dos ambiciosos y polémicos proyectos sociales: la vigencia de la reforma sanitaria y la legalización de inmigrantes de origen latinoamericano residentes en Estados Unidos.

Hay 40 millones de norteamericanos pobres, algunos duermen a la intemperie y no tienen recursos para pagar una clínica privada si enferman. Hay 56 millones de latinos estudiando, trabajando, reclamando derechos como ciudadanos comunes y corrientes. Es posible que en las elecciones próximas, los 40 millones de americanos que viven en la calle y parte de los latinos que votan allá se inclinen por un candidato demócrata. Pero Obama solo será espectador de esa contienda.

Edición Impresa

Jueves 13 de agosto de 2026