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Objetivo general: ¡El desarrollo de Panamá como meta!


Paulino Romero C. (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

El desarrollo no lo entendemos como un simple crecimiento de renglones económicos, sino que lo interpretamos en función de una finalidad social: la incorporación del ser humano al proceso de la producción y a los beneficios de la riqueza, de la educación y la cultura, de la salud, y de los demás bienes conquistados por el hombre. Consideramos desarrollo como una empresa no solo de naturaleza económica, sino de naturaleza social y humana.

Entendemos el desarrollo como máxima utilización de nuestros recursos humanos a la par que de nuestros recursos naturales y de nuestros recursos financieros. Tenemos por delante una concepción clara de que el desarrollo supone la promoción del hombre, de que todo nuestro esfuerzo resultaría perdido si no lográramos la incorporación efectiva de nuestra población al proceso creador que nuestro país reclama.

La exportación es conjuntamente condición y consecuencia del desarrollo. Difícil, casi imposible, lograr el desarrollo sin un intenso movimiento exportador, pero, al mismo tiempo, las importaciones no alcanzarán su nivel legítimo hasta tanto no hayamos cumplido una etapa fundamental en el desarrollo de nuestro pueblo. El desarrollo es una victoria constantemente ganada y vuelta a ganar contra el atraso.

Queremos impulsar el desarrollo, y sabemos que ese desarrollo es un objetivo general y que en esta materia no hay ninguna especie de diferencias derivadas de concepciones ideológicas. Sea cual fuere la corriente que, en el pensamiento o en la acción, incorpore a la vida y la lucha de un determinado dirigente sindical, todos tenemos que ver como un objetivo primario el de lograr que esta etapa de desarrollo se cumpla.

La empresa del desarrollo es muy grande y para acometerla con éxito no basta la buena voluntad ni los empeños aislados que se realicen desde diversos lados de la Administración. El desarrollo de Panamá reclama y exige, imperativamente, el concurso del sector público y privado, las instituciones nacionales y municipales; los organismos empresariales, los de la pequeña y mediana empresa que, en algunos casos, revisten una gran significación para toda la comunidad y, en general, todos los que representan la acción o el pensamiento dentro de la vida social.

Así, consideramos válidos los siguientes señalamientos: Un país no se hace con el vaciado de concreto (o asfalto), con las construcciones colosales y lujosas, con las formas arquitectónicas más sofisticadas, sino con la funcionalidad material de sus servicios, y sobre todo con la condición de sus hombres. El país no resulta de las autopistas ni de los edificios. Resulta, sí, del hombre que lo habita; resulta de la capacidad del país para organizar su economía y sus servicios; y de la forma en que estructure la conciencia nacional.

Desarrollo también significa planificar la actividad agraria (agricultura) en el país. Por lo tanto habría que pensar seriamente que el sector agrario, para que sea importante, debe ir acompañado de una reforma institucional fundamental en todos los campos que se relacionan con esta actividad.

Es preciso tener presente este hecho en Panamá, donde pareciera que cada pieza de la administración tira del hilo que le favorece, y donde cada burócrata se cree un virrey que maneja él solo la parcela que le ha sido encomendada, sin tomar en cuenta que lo que hace tiene que estar combinado y vinculado con las tareas de otros ministerios o departamentos de la administración.

Para ir más allá del crecimiento, es decir, hacia el desarrollo integral del país, es necesario que adoptemos un modelo distinto en cuanto a la forma de administrar la cosa pública. Debemos proponernos destruir los virreinatos que se han creado en las instituciones autónomas y en otras áreas de la administración pública, política según la cual cada persona tira de la administración a su favor.

Y en materia de inversiones extranjeras en territorio panameño, hay que fijar normas que, por una parte, alienten a los inversionistas extranjeros que vengan realmente a contribuir en nuestros programas de desarrollo y eviten el tipo de inversión momentánea, emigrante, fugaz, que solamente busca ventajas inmediatas y que en definitiva, lejos de coadyuvar a nuestro progreso, más bien constituye una rémora a nuestro desarrollo.

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Viernes 14 de agosto de 2026