Ocurrencias de un alcalde
T ras la crisis desatada por la acumulación de basura en la ciudad capital hace varios meses y superada paulatinamente por la nueva Autoridad de Aseo, el alcalde del distrito de Panamá había desaparecido de los focos de la opinión pública.
Tan solo basta con manifestarse para dejar en evidencia que el puesto que le otorgaron miles de panameños le ha quedado demasiado grande.
A tres días para que empiecen los Carnavales, la máxima autoridad del distrito presentó un proyecto para que le fuera aprobado, por “urgencia evidente”, el alquiler de dos carros alegóricos por 30 mil dólares para los desfiles de la fiestas del rey Momo.
El Alcalde no planifica y está viviendo de costosas ocurrencias. Ya existen dos juntas de Carnaval en la ciudad, por lo que su propuesta resulta un capricho que, más que impulsar la celebración, deja en claro la disputa política a lo interno del Gobierno.
Lo peor, es que desea organizar el Carnaval el próximo año, cuando no ha podido darle solución a los verdaderos problemas que enfrentan los ciudadanos que lo eligieron.
Pero si él tiene su grado de responsabilidad en tal disparate, los miembros del Consejo Municipal no se quedan atrás, pues destinar recursos tan necesarios para obras sociales, en una celebración pasajera, es un insulto para todos los que pagan elevados impuestos.
