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Oikonomia para curiosos


Hay temas de interés público de cuya influencia nadie puede escapar, la economía es uno de ellos y al menos que el escepticismo nos domine o que se sea un ermitaño intelectual, la política es otro tema a debatir, en lo posible, a lo Antonio Machado: “Desnudos de equipaje, como los hijos de la mar”.

Vamos a las cosas. Oikonomia (de oikos: hogar y nimias: administración) es un término que se refiere a la administración doméstica, lo que hoy llamamos microeconomía, para diferenciarla de la macroeconomía, la administración del país. Durante el paso de la sociedad antigua a la moderna se cambió el paradigma económico social, regido entonces por la producción de bienes de uso (necesarios), al paradigma capitalista de la producción de capital financiero y de bienes superfluos de consumo ilimitado. De modo que la economía de mercado “autorregulado” se retroalimenta indefinidamente en una especie de círculo expansivo que cíclicamente tiende a estallar provocando un big bang explosivo para luego colapsarse en un big crunch recesivo.

El paradigma del libre mercado nació en Inglaterra pero tuvo su auge en los Estados Unidos desde donde se expandió vigorosamente por el mundo después de la implosión de la Unión Soviética. Como toda libertad que se precie de ser verdaderamente legítima no cuesta dinero, sino sangre, sudor y lágrimas, en la mitad del siglo XIX se produjo un movimiento contra los abusos de la explotación capitalista que impulsó la abolición de la propiedad privada y entregó al Estado el monopolio económico. El fracaso de este utópico socialismo comunista, dejó lugar al socialismo democrático vigente, con una economía enfocada hacia una política socialmente responsable, asentada en la realidad, lejos de las utopías académicas extremas.

La diferencia entre estos dos sistemas radica en que la teoría individualista del “libre mercado” produce ricos más ricos y, comparativamente a las necesidades de la demanda creada artificialmente, muchos más pobres relativos. Por más que estos ideólogos absolutistas quieran hacerle decir a las estadísticas cosas distintas a la realidad tangible, la de las amas de casa. Según el informe del PNUD la mayoría de los países escandinavos, con economías menos ricas pero socialmente más justas y equitativas, poseen los índices más elevados de desarrollo humano del planeta. Índice éste que nos dice claramente no sólo quiénes son y cómo viven los pobres, sino cómo es la sociedad que los contiene.

En nuestro continente, unos pocos poseen dinero suficiente para influir en el orden regional y mundial. Los tres hombres más ricos del mundo, el mexicano Slim y los estadounidenses Gates y Buffett, en ese orden, juntos poseen alrededor de 153 mil millones (mm) de dólares, algo así como todo el PBI de Panamá (45 mm), Nicaragua (15 mm), Honduras (28 mm), Costa Rica (50 mm), Belice (2 mm) y casi la mitad de el de El Salvador (41 mm). Un exabrupto que sólo los necios se niegan a ver y un cáncer que se alimenta de la oikonomia nuestra de cada día.