Ojalá esta no sea nuestra generación perdida
Las recientes elecciones generales en Chile, más allá del resultado electoral en sí, tienen una lectura que voy a analizar a continuación, y es el éxito que alcanzaron la mayoría de los exlíderes estudiantiles de las diversas protestas por una mejor (o al menos eso alegan) educación en ese país.
De mayoría progresista y comunista, los cuatro exlíderes estudiantiles chilenos que se postularon a puestos parlamentarios lograron amplias mayorías en sus circunscripciones electorales, venciendo a muy curtidos y experimentados candidatos, apoyados por amplios y bien aceitados aparatos partidarios, en un país donde estas organizaciones electorales tienen un peso importante en el sistema electoral.
Es importante acotar que estos jóvenes emergen de movimientos estudiantiles que no respondían a los muy populares entre los jóvenes, manifestaciones anárquicas o antisistema. En algunos casos sus exigencias fueron dirigidas al último gobierno de Michelle Bachelet y, con mucha más frecuencia e ímpetu, contra el gobierno conservador de Sebastián Piñera.
Justas o no sus reivindicaciones, de acuerdo o no con sus pensamientos ideológicos, este grupo de veinteañeros tiene la difícil tarea de ser un ejemplo para la región. Oxigenar la política de su país, no sucumbir a los placeres y comodidades del poder y los puestos públicos, ser consecuentes con su discurso electoral y, sobre todo, mantener la honestidad a toda prueba.
También debo destacar que la elección de estos jóvenes no es la consecuencia de una masiva votación juvenil. Todo lo contrario, no solo la votación general en Chile se caracterizó por una histórica abstención de más del 40%, la participación juvenil fue de las más bajas en la historia del país austral. Incluso, dirigentes de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, en la que algunos de los electos militaron, han manifestado su completa desafección a las candidaturas a las que me refiero.
Camila Vallejo y Karol Cariola son miembros del Partido Comunista de Chile y nuevas diputadas. Ambas con menos de 25 años. Con las mismas características juveniles se da el caso de Giorgio Jackson y Gabriel Boric, independientes, pero cercanos ideológicamente a la alianza de Michelle Bachelet.
En nuestro país, desde hace más de una década hemos visto cómo se promueven iniciativas para incentivar la conciencia ciudadana y política de nuestros adolescentes y jóvenes. La Asamblea Juvenil, el Concurso Nacional de Oratoria, entre otros.
Quiero llamar a la reflexión sobre el resultado de tales iniciativas, ninguna como parte de una estrategia gubernamental o de la iniciativa privada. Creo que en realidad, en materia de liderazgo juvenil y estudiantil, nuestro país retrocede. Aunque vamos económicamente tras los pasos de nuestros hermanos chilenos, en materia educativa ni siguiera sabemos dónde queda ese sendero.
La Asamblea Juvenil y otros eventos similares han llegado a convertirse en una especie de escaparate en el que los partidos políticos “fichan” a los jóvenes con cierta inquietud política para usarlos como parte de sus juventudes, con el fin de que terminen haciendo la parte más difícil del tema partidario. Todos sabemos que al final los políticos que llegan al poder solo cuentan con los jóvenes que tienen alguna relación cercana con el mandatario o sus más próximos allegados, relegando a un segundo plano a los jóvenes que realizan trabajo partidario basado en sus ideas e inquietudes.
Las campañas electorales siempre terminan en manos de los familiares del candidato, dejando a un lado las estructuras juveniles y desencantando a esos jóvenes que, con mucho esfuerzo, se han destacado como líderes a muy temprana edad.
Tenía entendido que la idea de que existiera un Ministerio de Desarrollo Social con una dirección de juventud era precisamente para que el país contara con estrategias de fomento de los liderazgos juveniles. Si existe, no es muy exitosa que digamos.
¿Dónde está nuestro Jorge Illueca contemporáneo? ¿Dónde está ese dirigente institutor que daba la cara y debatía con ideas y no con piedras y vandalismo? ¿Dónde están esos líderes juveniles como los que una vez fundaron el Frente Patriótico de la Juventud y que prestigiaron nuestra Asamblea Nacional con su liderazgo, ocupando sendas curules, y que su trabajo es recordado hasta hoy?
Qué lindo es ver a jóvenes en la televisión con destacadas estrellas internacionales presentando su mejor oratoria. Pero si esos muchachos se diluyen en un mar de mediocridad intelectual como el que hoy nos envuelve, esta será la generación juvenil perdida, y lo lamentaremos por siempre. Espero que pronto alguien me demuestre que estoy equivocado.