Oligarquía y dominación política en Panamá
Somos la creación de ánimos y fines divergentes, unos deseaban ser independientes para no tener que esperar respuestas desde Bogotá, otros pensaban en doblegarnos con la razón de su poderío económico y militar. De ahí nace esa mezcla de libertos con recelos de siervo que de tiempo en tiempo recorre nuestras mentes.
Somos presa desde nuestra constitución como Estado Nacional de una caterva de jurisconsultos adictos al control económico, gracias a la dominación del escenario político. Nadie se salva y nada está a salvo del apetito voraz de estos contumaces hacedores de riquezas a base de la injusticia social.
Ora se visten de presidente, magistrados o ministros, son siempre los mismos y hacen lo usual. Desprecian desde la acera protectora de la fuerza pública todo lo que huela a cambio. Su idea de desarrollo va íntimamente ligada a que ellos progresen, para los demás, incluyéndote a ti, están reservadas las canonjías o prebendas que cada vez en tiempos lentos, quieran a manera de migajas dejar caer a tus pies, pues no lograrás agarrarlas con tus manos engrilletadas y dependientes.
Los rabiblancos, como los conocemos en Panamá, se han aliado a veces con los gringos, con los militares, los obreros desclasados, con la pequeña burguesía profesional, etc. Con la consabida supremacía de su "linaje". Ellos en su obnubilación realmente piensan que son superiores y de ese tejado de nubes grises no ha podido bajarlos alguien.
En épocas de crisis como la actual, acuden a cualquier jugarreta, por más indecente que sea, con tal de ocultar lo que todos sabemos y, por ello, odian los medios honestos y las redes sociales. Sienten que su otrora poderoso imperio desinformador (La Prensa, TVN, Medcom, etc.) no les da las seguridades que requieren para no ver desplomarse sus pingües ganancias.
El universalismo que agita las acciones de los gobiernos corporativos y gubernativos es su peor adversario. Si en Brasil, EE.UU. o Europa se sabe algo de los millones de transacciones que encubren evasión fiscal, lavado de activos, tráfico de armas, sexoservidoras o seres humanos o actos de corrupción en general, ya no quedará en el espacio, sino que será conocido por toda la nación panameña, y ello les ha traído un problema mayúsculo que no pueden ni podrán resolver.
La oligarquía y su legado de sometimiento atraviesa el viacrucis de su propia ineficacia, son víctimas de su alquimia electoral, financiera y jurídica. Su arte de dominarnos llegó a su fin. Sabemos todo y veremos caer en prisión a todos. A los nuestros y a los de allá.
Abogado