Olimpiadas: Ganar o perder
Tener la dicha de nacer, vivir, gatear, caminar, correr y triunfar, esa es la misión de cada persona que viene a la Tierra. Qué bueno que podamos celebrar estos grandes acontecimientos como son las Olimpiadas, pero mucho mejor si no las dejamos pasar por alto.
Las competencias, concursos, deportes y eventos de sana cultura y recreación son una oportunidad para agradecer al Creador por todo el potencial con el cual hemos sido equipados para explotar todos esos dones, talentos, destrezas, capacidades e inteligencia y así mostrar a los demás cuanta ansia del infinito, felicidad, perfección, belleza y creatividad encierra el corazón de cada persona.
Tiempo bueno y oportuno para revisar. ¡Cuántos bienes nos ha dado el Señor! Y qué poco los utilizamos y aprovechamos.
Es maravilloso contemplar personas de todo el mundo que crecen y se esfuerzan en el silencio, disciplina, sacrificios, combates y renuncias e incomprensiones, pero siempre con el deseo de superar barreras, llegar a la meta y ser alegría de su familia de una nación y honra del mundo. Recordar con gratitud a los que les han ayudado a lograr la victoria.
FELICITACIONES A TI QUE CADA DÍA CONQUISTAS LAS MEDALLAS Y TRIUNFOS QUE NO SE TIENEN EN CUENTA, COMO SON LA SATISFACCIÓN DEL DEBER...
Tener una medalla de oro, plata o bronce, fama, dinero, es bueno, pero mucho mejor que cada día que amanece sigamos conquistado la corona de la vida eterna; para eso hay que correr sin descansar, apoyados en Cristo, María y los santos que nos animan a rescatar en nosotros y en los demás los valores, la fe, el amor, entrega, hermandad y justicia, para ganar la corona de la vida que no se marchita: el reino de los cielos.
Felicitaciones a todos los deportistas que participaron en las olimpiadas, felicitaciones a ti que cada día conquistas las medallas y triunfos que no se tienen en cuenta, como son la satisfacción del deber cumplido, la corrección amorosa a tiempo y a destiempo, hacer las cosas bien y con amor, cumplir con tu deber dando lo mejor de ti, siendo cada día el mejor cristiano que no solo se contenta con creer, sino que ama, proclama, vive la fraternidad, reconciliación, da el todo por el todo en el silencio, sin aplausos y ruido, dándose cuenta de que se está equipado de todo para vencer los obstáculos.
Olimpiadas deportivas, gran oportunidad para darnos cuenta que estamos llamados a luchar, a triunfar, a no contentarnos con lo mínimo sino con lo máximo, para después sentir el gozo, la alegría de haber empezado, caminando hasta llegar a tener la corona que no se marchita y seguros de que la promesa que nos hizo Jesús se hace realidad.
Religiosa (Hermana).