Olvidanzas novembrinas
Sacerdote de la Iglesia católica
Doy Gracias a Dios por esta patria en donde empiezo a amar la patria definitiva. En los primeros versículos bíblicos leemos: “Dijo Dios: Júntense las aguas en un solo depósito y aparezca el suelo seco…” Y así fue” (Gén. 1:9).
En ese “día creacional”, el último territorio continental en emerger de las aguas fue el istmo de Panamá.
Islas, penínsulas, subcontinentes hay muchos; pero el Istmo por antonomasia es el nuestro, y los científicos arrojan información idónea del efecto que tuvo en el planeta este hecho trascendental.
Surgido con una fisonomía propia, milenios luego, una identidad particular se asentará en estas tierras.
Cuando Cristóbal Colón programa su cuarto viaje al Nuevo Mundo, tiene el propósito de hallar una vía acuática natural para continuar hasta los dominios del gran Kan; él no emprendió su periplo de conquista para detenerse en islas (Antillas).
Pero al topar nuestro litoral atlántico y reconocer los límites de la relación que antes había dado Rodrigo de Bastidas, el Almirante sospecha que la senda no existe. Es en este tramo de la llamada tierra firme donde él da los últimos pasos antes de regresar a morir a España (1506), dejando atrás su impresión por la Veragua y el primer intento de asentamiento hispano en el continente, (Santa María de Belén (1503).
Diez años después, Vasco Núñez de Balboa atraviesa el Istmo y reclama para la Corona Española, el Mar del Sur y sus territorios aledaños, aún desconocidos en su totalidad. Terminando de abrir las puertas para el dominio europeo, siendo el primer hispano que se empapa de ambos océanos; hazaña que es para su servidor la de mayor envergadura después de la de Colón.
Cuatrocientos años después, el ingenio estadounidense consigue abreviar la ruta entre dos océanos aquí donde Colón intuía que debía existir, aún sin documento cartográfico que se lo indicase.
Observar un mapa de América y verificar el lugar privilegiado del Istmo es admirable. He visto uno de 1585 y ya es exacta su distinción. Ahora bien, la historia que se registrará en este suelo resultará también especialísima.
Allende el acto fundacional de la primera capital de América continental el 15 de agosto de 1519, advierto el bautismo nacional. En el sacramento no solo invocamos a la Santísima Trinidad, sino que mencionamos el nombre de la criatura por bautizar.
Yo celebro, en esta fecha el momento seminal de nuestra nacionalidad.
El dato de los aborígenes (indios cuevas) “Panamá” es elevado a rango de ciudad española de ultramar; pero pervivirá para siempre en el alma de los que amamos esta patria, junto al concepto geográfico de “istmo” con su gentilicio, fusionando un vocablo autóctono con otro universal.
Esto lo tenían muy presente Tomás Herrera y su generación cuando el 18 de noviembre de 1840, proclaman al mundo el Estado Libre del Istmo; estos eran jóvenes o infantes cuando los próceres alcanzan la independencia respecto a España (1821).
Sin embargo, la olvidanza novembrina se cernió sobre la mente de los gestores de la República, cuando circulaban en escritos oficiales y extraoficiales, lo mismo que en las obras literarias, la correlación entre Panamá e Istmo. Un ejemplo: los acordes musicales del Himno Nacional ya se usaban para acompañar las estrofas del “Himno Istmeño”, conocido antes de 1903.
Reconociendo el aporte de la generación de 1903, estos quisieron apoderarse de una gloria que no les correspondía, pues el lenguaje de “Independencia” solo es atribuido a los próceres de 1821, cuando por sus propias diligencias, y sin que ejército alguno viniera a ayudarnos, obtuvieron la emancipación que sería “engavetada” por creerle a Bolívar y por el secuestro que luego hiciera Nueva Granada de nuestro Istmo.
Es mi opinión que ello sucedió para crear un “culto” a estos gestores del movimiento separatista, y, a la vez, un homenaje a los Estados Unidos que apoyaron con sus armas el evento.
Sin embargo, nótese cómo a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, la gesta de 1821 va cayendo en la desidia de los gobernantes y de la población en general.
El Mes de la Patria se limita a protocolos, desfiles, bullicio, exhibicionismo, comercio, parranda; todo menos promover los valores patrios trascendentales. El Mes de la Patria parece tener solo cinco días y uno más para recuperar resacas.
Todos debemos contribuir para educar en historia y civismo a los niños para que conozcan y amen a una nacionalidad que no tiene 111 años, sino cinco centurias.
“Y vio Dios que el Istmo era bueno”.
¡Qué viva la República del Istmo de Panamá!