Opinando sobre el joven migrante
Impulsar a las diversas estructuras operacionales del país a generar conocimiento sobre la base de una metodología científica y el respecto de todos los sectores de la sociedad, con el fin de promover el desarrollo integral de la misma, bajo un abordaje de sostenibilidad, inclusión, equidad y consenso debe ser tarea cotidiana. Por lo tanto, manejar conceptos como lo son el de migración y juventudes, entre otros tantos términos de relevancia nacional e implicaciones funcionales, genera una dinámica transversal y horizontal de buen pragmatismo y son determinantes como cometido inteligible del presente.
Luego comprender cómo un país de contrastes como el nuestro, en el que se combinan valiosas oportunidades, atractivos culturales, sociales y elevado crecimiento económico, con índices paradójicamente aún altos de pobreza, carencias y desigualdades en varios segmentos poblacionales y regionales, se le siga percibiendo como nación de grandísimo interés para poblaciones emigrantes de diversas naciones es algo que se debe comprender con claridad para no caer en rasgos de xenofobia, discriminación o intolerancia, a la vez que tampoco se debe seguir siendo tan permisivos, en cuanto a nuestras políticas migratorias.
Observar que Panamá cuenta con indicadores sociales que lo hacen muy llamativo, no solo como país de tránsito o paso, sino también como un posible país acogente, debido a la expresión de múltiples indicadores de bienestar generalizado, tales como el índice de esperanza de vida al nacer que en 1982 era de 70 años y aumentó hasta 77,6 años en el 2014; de igual manera, el índice de crecimiento económico del país que arrojó un promedio aritmético de 7,9% para el último quinquenio. (2011-2015) es algo perceptible. Y aunque, algunos de estos indicadores cuantitativos y coyunturales no siempre reflejan objetivamente el bienestar generalizado del conjunto de nuestros ciudadanos, sí se presentan y sirven de gran aliciente entre otros motivos, a aquellos flujos de migración internacional de personas con necesidades de protección, a personas en condiciones de vulnerabilidad, a perseguidos a soñadores y en especial a los migrantes jóvenes, muchas veces víctimas de las violaciones de sus derechos humanos más elementales en sus países de origen.
En este sentido, y a pesar de que hoy en día nos desenvolvemos en escenarios demográficos más holgados, en un mundo globalizado y de mayor apertura, es visible la persistencia de altos grados de exclusión social y estereotipos con respecto a los “migrantes” y a los “jóvenes”, en especial a los jóvenes migrantes, que se desplazan tanto a nivel interno como a lo externo de los países. Claro sin perder de vista que el componente latente que muchas veces conlleva a esta intolerancia, no es producto de un sentir ciudadano natural, sino más bien la reacción lógica surgida por los descuidos y la falta de transparencia de las regulaciones migratorias estatales claras, consistentes y adecuadas que generan un malestar colectivo producto de los desequilibrios demográficos coyunturales, que implican efectos muchas veces adversos en múltiples factores socio-económicos de nuestra bella república.
Definitivamente, el tema es amplio, despertará muchas pasiones y diversos intereses, que por obligación innata nos deben llevar a una profunda reflexión sobre la incidencia del tema, sus implicaciones y posibles acciones a desarrollar. Con esto en mente, solo nos queda decir que es necesario prestar mayor atención a las necesidades particulares de estos nuevos y externos segmentos poblacionales y a los problemas que muchos de ellos enfrentan. Así como también, es igualmente importante valorar la contribución esencial que los jóvenes independientemente de su origen brindan como el motor de cada generación humana y apreciar a los inmigrantes honestos y trabajadores, como un ejemplo de la riqueza cultural y social que constituyen una nación multiétnica cuando se unen pueblos de distintas procedencias con un propósito trascendental.
El reto de fortalecer el conocimiento adecuado de todo ciudadano sobre los derechos y deberes propios, de los migrantes y de los jóvenes debe ser la chispa que encienda el necesario y valioso accionar social y ayude a fortalecer una institucionalidad responsable que con plena sinergia forje los nuevos horizontes de paz, armonía y legitimidad solidaria, siempre necesaria en nuestras latitudes, sin dejar de priorizar lo propio, lo autóctono y lo criollo con el valor trascendental e irrenunciable que todos debemos mostrar siempre por lo nuestro.
Sociólogo / Investigador social