Oportunismo
A escasas semanas de las elecciones, las encuestas revelan que la mayoría de los votantes ya tomaron decisiones sobre los candidatos presidenciales de su preferencia con base en el contenido de sus propuestas programáticas y no en función de ataques de tipo personal. José Domingo Arias es el único postulante que más se ha acreditado por la sustancia y novedad de sus propuestas de gobierno, en tanto que Varela y Navarro se han enfrascado, uno contra el otro, en reyertas pueblerinas del patio limoso de la politiquería.
Los debates presidenciales mostraron la fortaleza programática de las propuestas del candidato de Cambio Democrático y Molirena y su sentido de la tolerancia y respeto a los ciudadanos. Los candidatos del PRD y panameñismo pierden la ecuanimidad al recibir críticas punzantes, descargadas sobre la persona y no a las propuestas de obras por realizar. En esas circunstancias, el hígado prevalece sobre el cerebro, segregando odios biliosos contra el adversario político y no conceptos de buen gobierno derivados de las facultades pensantes.
Como se aprecia en debates y cuñas de propaganda, Varela se presenta como el autor intelectual de la casi totalidad de las obras ejecutadas por la administración Martinelli, desde 100 a los 70, la Cinta Costera 3 hasta el metro. Su estrategia inspirada en un oportunismo selectivo reclama derechos de autor sobre lo que considera conveniente y se desmarca de lo cuestionado en el lapso que fue parte de las acciones de gobierno.
Omite, entre otras cosas, que apoyó las compras de radares, helicópteros y material de seguridad que ahora reprueba, y que como canciller, fue responsable ministerial de las decisiones acerca de la salida de Panamá del Parlamento Centroamericano.
Varela, más vivo que Tío Conejo, solamente reclama la carne, pero rechaza el hueso. Su promesa del control de los precios de la canasta básica transmite demagogia, fantasía, ignorancia de las consecuencias calamitosas del totalitarismo económico en Venezuela, Argentina, Ecuador y otros lugares del mundo. Panamá perdería todo lo que ha ganado en el liderazgo económico regional con la perniciosa implementación del control de precios.
Los panameños se asombran de los ataques de amnesia que le sobrevienen a Navarro en los debates y en las cuñas. Como candidato del partido fundado y organizado en los cuarteles de la dictadura, pretende que pasemos por alto las violaciones de los derechos humanos contra la Cruzada Civilista, ante los cuales él y los miembros del PRD mantienen un silencio pétreo.
Pasea sin problema alguno en carros descubiertos por las calles, mientras los varilleros del PRD asaltaron en forma abyecta a Guillermo Endara y a Billy Ford. Promete construir 250 mercados, pero no hizo ninguno en sus dos periodos de alcalde. Nunca ha pedido mano dura contra Noriega y sus cómplices, pero quiere que los menores de edad purguen en la cárcel los delitos como adultos. Pocas veces un candidato ha ensartado un conjunto de contradicciones tan gigantesco entre el presente de la democracia y el pasado de fractura de los principios del pluralismo ideológico.
Las cartas están jugadas. El pueblo distingue al demagogo del estadista, al depredador del constructor, al mitómano del realista. Pero llegó el tiempo de la verdad. Las urnas estarán abiertas el 4 de mayo para un pronunciamiento que hará historia.