Oratoria forense y orgullo de juristas
De las prácticas tribunalicias, propiamente en las audiencias penales, poco o nada se ha escrito sobre la trayectoria de los grandes penalistas y fogosos oradores que ha tenido la Patria.
Nadie podrá negar que en el foro panameño han brillado abogados de la talla de un Carlos Iván Zúñiga –ex- rector de la UP, y experto en Derecho Penal-, Felipe Juan Escobar –de magistral e impactante personalidad y de un verbo agudo, auténtico pico de oro-, Andrés Collado Mitre, los hermanos Rubén y Gonzalo Moncada Luna –de estos dos grandes juristas que destacaron en el campo penal proviene en honroso abolengo el actual presidente de la Corte Suprema , Alejandro Moncada Luna-, Demetrio Porras –caracterizado por su dialéctica y connotado de una retórica de efectos disuasivos que culminaba, casi siempre, con veredictos de inocencia para sus defendidos-, Simón Antonio Tejeira Araúz, Carlos Del Cid –quien fue además profesor de Derecho penal y Criminología en la Facultad de Derecho de la UP, participó en el Bogotazo de 1948 en Colombia- y tantos otros que brillaron, con luz propia, sin tener nada que envidiarle a penalistas foráneos. Que no se malinterprete por parte de quien se sienta excluido.
No estamos citando a penalistas estrictamente teóricos, sino, reitero, aquellos que por su locuacidad, retórica y estilo, fundaron una escuela de oratoria forense, aquella propia de los tribunales, habiendo sobresalido en grandes defensas penales, Por ejemplo, el descollar impresionante que en el proceso Remón-Guizado tuvo el Dr. Carlos Iván Zúñiga, o la de Gonzalo Moncada Luna en el caso del Molino Criollo. Con Rubén Moncada Luna tuve el grato honor de disputar escenario forense, oratorio frente a oratoria en la audiencia Duncan celebrada ante el Segundo Tribunal Superior de Justicia. Su estilo, el verbo empleado, método y sistema fueron impresionantes. No fue fácil vencer al maestro y sacar del jurado, por mi parte como defensor, un veredicto de inocencia. Lo vencí, pero en el fondo, tal vez, nunca sabrá que tomé como mías, para lo sucesivo, muchas de sus “mañas” forenses. Igual de Juan Materno Vásquez –de verbo luminoso, intelectual y potente. Wilfredo Sáenz ha recogido en unas memorias a un número pluralísimo de oradores forenses de nuestro medio, pero cometió un yerro, no se incluyó.
No podemos ser egoístas y negar el mérito a estos grandes hombres que enorgullecieron a sus familias, o como bien dijera Kevin Moncada en artículo sobre el abolengo forense de los Moncada Luna “de esa generación –Rubén y Gonzalo, entre otros- proviene el actual presidente de la Corte “para honra y orgullo de los suyos”.
Abogado.
