Origen y valor cultural de la amistad
La selección de los amigos raras veces constituye un proceso consciente o racional. La búsqueda por el ser humano de satisfacción para sus necesidades no es siempre un esfuerzo deliberado. La cultura en que se vive cuenta mucho en la determinación de las necesidades y satisfacciones del individuo. Por consiguiente, el fenómeno de la amistad puede acusar diferencias en diversos medios culturales. El hijo único, por ejemplo, puede sentir más frecuentemente la necesidad de un amigo que el niño que tiene en el hogar otros hermanos de su mismo sexo.
La insatisfacción conduce al individuo hacia relaciones fuera del círculo familiar. Naturalmente, el vecindario ofrece las primeras oportunidades. La libertad de movimiento del individuo está muy relacionada con la propincuidad en el establecimiento de las amistades. Mientras mayor sea su libertad, menos obligado se verá a escoger sus amigos en el ambiente inmediato. Mientras más restringido se encuentre, más forzado estará a seleccionar entre los individuos próximos. La libertad de movimiento también está relacionada con el grado de satisfacción que el individuo deriva de sus amistades.
No hay duda de que las necesidades son fuerzas conducentes a la formación de las relaciones amistosas. Las amistades recíprocas resultan de la interacción de dos personas que se satisfacen ciertas necesidades. La atracción de un individuo por otro corresponde a las satisfacciones que suple la relación interpersonal. El afecto siempre surge del contacto continuo y de la familiaridad que resultan agradables. El ser humano llega a sentir cariño hacia aquellas personas o cosas que le producen agrado.
La naturaleza e intensidad de las necesidades dependen del ambiente cultural que rodea al individuo. Consiguientemente, en diferentes culturas el fenómeno de la amistad puede ofrecer diferencias en cuanto a los factores dinámicos que lo causan. Investigaciones de personas indican que las necesidades que satisface la amistad pueden agruparse en cuatro categorías generales: protección, exaltación, expresión y la ayuda.
Probablemente esta clasificación es válida también en otras culturas. Quizás las diferencias culturales se reflejan solo en lo que concierne a la intensidad de cada síndrome. Sobre la protección, exaltación y expresión del yo, conviene señalar lo siguiente: A nadie quiere más el ser humano que a su yo, que le exige constante protección. Todo individuo dedica gran parte de su vida a levantar una defensa alrededor de sí mismo. Evitar experiencias que hieran o rebajen la estimación propia es el propósito principal de gran parte de la conducta humana. Tal protección es todavía más importante en el caso del adolescente que está pasando a través de la confusa época del tránsito de la niñez a la edad adulta.
Otra exigencia fundamental del yo es la del ser exaltado. Para su integración personal el ser humano necesita que se le admire, acepte, considere y respete. Para la mayoría de los seres el motivo principal de vivir es lograr reconocimiento. Es natural sentir amistad hacia quienes los elevan o reconocen.
La conversación es tal vez el medio más eficaz de restaurar el equilibrio psicológico. Porque no es meramente un asunto de expresión, sino también de ser escuchado atenta y comprensivamente. La comunicación tiene un gran valor terapéutico en el humano. La amistad provee un canal de comunicación libre y franco para el intercambio de ideas y emociones de sus participantes.
Sobre la ayuda: un amigo seguro se conoce en una situación incierta. La cooperación que se preste es prueba de amor y consideración. La magnitud de la ayuda no cuenta tanto como las resonancias emocionales que provoca en el que la recibe. Quien nos ayuda, nos estima y se interesa en nuestra vida. No obstante, las satisfacciones que se derivan de ella, la amistad humana jamás llega a ser perfecta. Es inevitable encontrar en todas las relaciones amistosas, no importa cuán íntimas sean, alguna insatisfacción en sus participantes, lo que provoca disensiones entre los amigos. Los altercados y discrepancias entre amigos pueden frecuentemente considerarse fases naturales del proceso de ajuste mutuo. A menudo representan esfuerzos por lograr una mejor armonía. Lo que aparentemente es desintegración puede muy bien ser un paso hacia la unión más estrecha.